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"España no quiere cambiar, sólo busca recambios", Jordi Graupera

La diosa fortuna ha querido que la misma semana que aparece la nueva web de Ciutadans sin versión en catalán -por ahora-, Pablo Iglesias haya venido a Nueva York. Hasta le pude tocar a Iglesias: habemus selfie. Tiene charm. Pero empecemos por Ciutadans.

Resultat d'imatges de podemos cambioSe ve que hay quien los quiere ver crecer y que las encuestas empiezan a hacer runrún por el centroderecha. Como respuesta, informa Enric Juliana, el PP ha activado el tam-tam de siempre: son catalanes. Más allá de la ironía histórica que supone que Rivera sea víctima de catalanofobia, y de la enésima lección a las élites catalanas que han alimentado Ciutadans para asaltar España -que no, chicos, que negocios, vale, pero política, no-, el episodio tiene la belleza de las pruebas periciales: incluso cuando España quiere cambiar, "hay cosas que no tienen arreglo", como escribió Juliana el jueves. Por ejemplo, ser catalán, que no tiene remedio.

Cosa que me lleva a Podemos. Fui al mitin del Centro Español de Queens. En un esfuerzo de concisión raro en mí, resumiré lo que dijo Iglesias: nada. Pero también querría describir lo que creo que fue una sensación creciente de vacío existencial en el público y, para lograrlo, sólo se me ocurre señalar los segundos de silencio antes de cada aplauso.

Me explico: cuando Iglesias entró, ovación de pie. Sólo subir al escenario, dijo: "Queremos construir una España a la que podáis volver. Buenas noches, Nueva York". Aplausos moderados, primera oleada de vergüenza ajena. Y entonces, poco a poco, se vio que encadenaría eslogan tras eslogan y basta. Mucha anáfora. Los entonaba con aquel sonsonete ascendente que acaba en tirabuzón y que sólo se completa si lo puntúa una mascletà de manos encendidas. Pero no. Después de los tirabuzones, se sucedían unos segundos antes del aplauso; cada vez más segundos, cada vez menos aplausos. En los silencios de en medio, el gran abismo.

Este vacío no es una anécdota. Es estrategia electoral. Al día siguiente, en un acto en la universidad municipal al que no pude asistir, me explican testigos oculares que se le preguntó por la educación, la sanidad, la memoria histórica, Catalunya. Respuestas: nada. Vaguedades calculadas. Lo esencial es no pisar ningún callo, no enajenar a ningún votante. Me dirás que no es distinto de ningún otro mitin del PSOE o el PP, y es justo lo que intento explicarte.

Consignémoslo: esta estrategia de hacerse el interesante en Nueva York y no decir nada funciona -tell me about it-, como funciona tratar a Ciutadans de partido catalán. O les funciona a los de Rivera remolonear con la versión en catalán de su web, donde ya sólo son "Ciudadanos". Lo importante es no tocar la base de las cosas.

Si Iglesias hablara claro, si llenara los discursos de contenido, si dijera el qué y el cómo, o si fuera explícito con la posibilidad de un referéndum en Catalunya a la escocesa, no tendría ninguna oportunidad de ganar. Podemos y Ciutadans son la prueba pericial de que España no quiere cambiar. Sólo busca recambios.

21-II-15, Jordi Graupera, lavanguardia