Francisco Verdú, un hombre honesto entre infames parásitos saqueadores
El exconsejero delegado de Bankia Francisco Verdú, número dos de la entidad, aseguró ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu que no utilizó la tarjeta black que le entregó personalmente" el expresidente Rodrigo Rato porque no figuraba en su contrato y por "oficio bancario". "No uso y no usaré nunca una \[tarjeta\] que tenga gastos sin justificar", le respondió al juez, Así consta en la grabación de la declaración de Verdú, en la que el fiscal Anticorrupción, Alejandro Luzón, le pregunta por qué no utilizó la tarjeta que le entregó el presidente de Bankia el 17 de febrero del 2012.
Francisco Verdú, que fue el número dos de Bankia, es el único de los consejeros de la entidad que se negó a utilizar la tarjeta black que le entregó personalmente su expresidente Rodrigo Rato. Así se lo confesó en su declaración al juez de la Audiencia Nacional Jesús Andreu, antes de añadir que actuó de esta manera porque no figuraba en su contrato y porque no ha usado nunca tarjetas que permitan gastos sin justificar. Otros veintiún consejeros sí tiraron de tarjeta B, para los cuales el magistrado ha solicitado una fianza total de 4,3 millones de euros.
Contrariamente a lo que sostenía Oscar Wilde -"lo puedo resistir todo menos la tentación"-, Verdú pudo aguantar la incitación. Y lo hizo por ética personal, pero igualmente por "oficio bancario". Él no es un político reconvertido en consejero de una entidad, sino un ejecutivo bancario de larga carrera que había llegado a la vicepresidencia de la Banca March, hasta que fue nombrado consejero delgado de Bankia. Paradójicamente, figura como imputado en este caso, a pesar de que llevaba sólo trece días en el cargo cuando se aprobó el folleto de salida a bolsa, así que difícilmente podía descubrir irregularidades en unas cuentas que habían sido validadas por auditores, inspectores del Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores.
La honradez se detiene antes de traspasar la puerta y la corrupción entra sin llamar. En el caso de las tarjetas black, la mayoría no se hizo ninguna pregunta cuando conoció que podía gastar con ellas, sin justificar, hasta un límite de 75.000 euros. Pero Francisco Verdú no sólo cuestionó el hecho, también advirtió a su superior de que era una mala praxis. No estamos ante ninguna heroicidad, pero sí ante una rareza. La de alguien que prefirió ser más íntegro que más rico.
7-III-15, ep/M. Carol, lavanguardia
