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"Ensanchar el campo de lo posible en política", Josep Maria Ruiz Simon

Decía Bismarck que la política es el arte de lo posible. Hace años Peter Sloterdijk escribió que tras este dictum tan citado había disimulada una prevención ante la intromisión de los niños en los asuntos del Estado. A los ojos del estadista, decía Sloterdijk, nunca dejan de ser niños quienes no han aprendido a distinguir con certeza entre lo que es políticamente posible y lo que es po-líticamente imposible. Desde esta mirada, concluía, "el arte de lo posible es sinónimo de la aptitud para salvaguardar el ámbito de la política de los exce-sos de lo imposible". La advertencia sobre los riesgos de la intromisión de los niños en los asuntos públicos ha sido lo principal argumento de Rajoy durante la campaña. Un vez conocidos los resultados de Barcelona, Artur Mas también apuntó su preocupación ante el riesgo de que, jugando ingenuamente con las cosas de los mayores, los niños hicieran un estropicio.

La distinción entre lo deseable y lo posible forma parte desde hace décadas del currículum básico de la educación sentimental de la ciudadanía. Pero la crisis económica y sus consecuencias sociales han contribuido a poner en evidencia las limitaciones del modelo pedagógico basado en la máxima "No hay alternativa" que Margaret Thatcher popularizó y que la "tercera vía" post socialdemócrata contribuyó tanto a legitimar. La concepción de la democracia como forma de gobierno basada en el mero consentimiento se ha vuelto problemática a medida que la sensación que en las elecciones se trataba de escoger al mejor gestor del mal menor se perpetuaba. Y, sobre todo, cuando lo que se presentaba como el mal menor resultaba difícil que fuera percibido, aunque fuera por comparación, como un bien relativo. En este contexto ha revivido el debate sobre lo que es realmente posible y lo que es realmente imposible. Con Syriza en el gobierno, este debate se ha trasladado desde la ágora a las instituciones europeas y los organismos internacionales. El hecho de que Varoufakis y compañía también hayan sido tratados como niños mal criados que confunden sus deseos con la posibilidad no sorprende a nadie que conozca la psicología de las élites. Con independencia de los resultados de sus gobiernos, la misma llegada de Syriza al gobierno o la presumible llegada de Colau a la alcaldía ponen de manifiesto que se ha abierto una etapa de redefinición, de ensanchamiento, del campo de lo posible en política.

26-V-15, Josep Maria Ruiz Simon, lavanguardia