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"¿Porqué seguimos cediendo nuestra política a los ineptos leales?", Roger B. Myerson

Si aún cree que el líder de un partido acierta más que unas primarias al elaborar listas, el Nobel Myerson le demostrará -y puede hacerlo con fórmulas- que cualquier dirigente tiene más incentivos para elegir a mediocres (que no compitan con él, le sean fieles y le estén agradecidos) que los electores, cuyo único interés es escoger a los mejores. Los votantes pueden equivocarse, por supuesto, pero carecen de incentivos para preferir sistemáticamente a los menos competentes. Esos incentivos perversos explicarían en parte por qué en nuestra política, donde las primarias han sido un exotismo, abundan los ineptos leales.

Resultat d'imatges de Roger B. MyersonEntrevista a Roger B. Myerson, Premio Nobel de Economía 2007. Edad... ¿64 años?No debe importarme mucho si tengo que calcularlo cada vez que lo digo.Nací en Boston, vivo en Chicago y me avergüenza nuestra política en Iraq.Tengo dos hijos y, cosa insólita en EE.UU.,no viven lejos de mí.Colaboro con la Barcelona Graduate School of Economics.

Usted también ha aplicado la teoría de juegos a la política.

Porque las elecciones también son transacciones, pero con votos. Y al analizar las decisiones políticas, los incentivos son primordiales: debemos considerar los que tienen o no los políticos para ser honestos o no.

¿Qué ha descubierto?

El diseño de mecanismos demuestra que si cambias las reglas de juego, esto es, las del mercado, las de la política o las de las elecciones, también cambias sus incentivos y, por tanto, la conducta de los actores.

Ergo, debemos diseñar instituciones con normas y controles que desincentiven los malos instintos.

Por eso analizamos por qué determinadas leyes y normas incentivan o desincentivan la honestidad, el esfuerzo, la dedicación o el acceso de los más competentes a los puestos relevantes donde se toman las decisiones...

¿Algún hallazgo?

Todo poder, para ser democrático, requiere control y contrapoder (check and balance) y debe ser dividido en tres niveles: local, regional y nacional: cada uno con financiación propia y con dirigentes elegidos directamente por los ciudadanos.

¿Eso evitaría los abusos?

Eso resta incentivos al abuso de poder, porque aumenta los controles mutuos y proporciona a los políticos incentivos para ser virtuosos: si lo hacen bien con un presupuesto y un poder local, podrán aspirar a ser elegidos para un poder territorial mayor.

¿Por ejemplo?

El mal ejemplo es Ucrania. Muchos de sus problemas hoy se deben a que, pese a ser una democracia formal, ha centralizado poderes en el presidente, que nombra a alcaldes y líderes provinciales siempre subordinados.

¿Tan malo es centralizar ese poder?

Fatal, porque los líderes nacionales no tienen ningún incentivo para nombrar líderes provinciales y locales honestos y eficientes que les hagan la competencia y, en cambio, tienen todos los incentivos para nombrarlos simplemente mediocres y fieles.

Eso no pasa sólo en la política.

Por eso le decía que investigamos diseños de mecanismos que se puedan aplicar a empresas, gobiernos e instituciones de todo tipo.

¿Un país pequeño se gobierna mejor?

Un país pequeño muy centralizado es de tan mal gobierno como uno grande muy centralizado. El tamaño no es lo decisivo.

¿Buenos ejemplos?

Austria -o Suiza, pionera del federalismo- son pequeñas, bien gobernadas y muy descentralizadas; Bulgaria sólo es pequeña.

Veo que las primarias son mejores que un líder central nombrando a dedo.

Por supuesto, porque ese líder no nombrará a los mejores, sino sólo a los mejores para él. ¿Puedo decirle algo de las primarias?

¡Aquí están de actualidad rabiosa!

Los historiadores y el público suelen dar importancia a las virtudes de los padres de la Constitución de EE.UU.: Washington, Jefferson, Madison... Pero no tanta a lo realmente decisivo en nuestra historia...

Pues es un texto magnífico.

Antes de la Constitución y de nuestra independencia ya había democracias locales en las colonias, que funcionaron bien y votaron y administraron presupuestos de las comunidades bajo el dominio sólo formal del imperio británico... ¡Durante un siglo!

¿Tan decisivas fueron?

Evitaron que los padres de la Constitución cayeran en la tentación de fundar una democracia muy centralizada territorialmente que hubiera fracasado.

11-VI-15, Lluís Amiguet/lacontra, lavanguardia