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"Grecia, un país con una deuda ’ominosa’", Manuel Estapé Tous

Los países son esclavos de su geografía y Grecia ni tan siquiera tiene frontera terrestre con la Unión Europea. Por no tener ni tan siquiera tiene catastro después de que desde mayo del 2010 los funcionarios de las instituciones y países acreedores decidiesen, día a día, hasta el menor detalle de la política económica y de las reformas estructurales impuestas.

Peor aún, los mismos socios que hoy le dictan las medidas de rigor y austeridad que debe aplicar a rajatabla Grecia, son los que en el 2002, aplaudieron el ingreso en la unión monetaria de Grecia, una economía semi, o seudo, desarrollada, cuyo motor principal es el turismo (un 15% del PIB y un 20% del empleo), con un crecimiento espectacular desde el año 2000. Cuando se supo que Atenas había trucado sus cuentas para pasar el examen de ingreso en el euro, con la ayuda del siempre sospechoso Goldman Sachs, cuyos asuntos europeos dirigía Mario Draghi, todo el mundo criticó al tramposo y nadie a los estadísticos de Eurostat cuya obligación principal es garantizar la fiabilidad de las contabilidades nacionales de los países miembros.

Es higiénico recordar hoy las palabras de Joaquín Almunia, quien a finales del años 2000 aseguraba, ni más ni menos, que "la economía griega está en mejor estado que la media de la UE". Solo esta ceguera de las elites europeas permite responder a la pregunta clave ¿cuándo se jodió Grecia?

Sin necesidad de remontarse al imperio otomano, la entrada de Grecia en la Comunidad Europea también fue una decisión política, concretamente de Valéry Giscard d'Estaing para quien "el país que inventó la democracia tiene que estar en Europa". Era 1980. Grecia entró primero y negoció después. Nada que ver con España, sometida a arduas negociaciones por su mucho mayor peso agrícola e industrial sin negociar. Los mismos que hoy dictan lecciones de política económica a los griegos son los que aceptaron que Grecia entrase en la zona euro con un déficit exterior del 7% del PIB en el año 2000 y un récord mundial del 14% en el 2007. Más aún, entre 1980 y 2000, el dracma se depreció un 80% frente al marco alemán. Grecia no jugaba en la misma liga que sus socios.

A principios del 2000, Grecia vivió una burbuja similar a la española, duplicando en ocho años los precios de la vivienda. El crédito y el consumo privado se dispararon. La crisis de sobreendeudamiento privado mutó en un problema de finanzas públicas cuando en el 2009 el Gobierno socialista del Pasok reconoció un déficit público del 12,7%, el doble de lo previsto. En los años anteriores, los gobiernos griegos nunca fueron multados por superar el tope del 3% del PIB para el déficit público.

Si mucho crédito privado sirvió para comprar cochazos, parte del endeudamiento público se destinaba a comprar armamento a los fabricantes alemanes y franceses en operaciones financiadas por los bancos de ambos países. Aunque se ofusque Angela Merkel, la única condena por corrupción en Grecia le ha caído a Siemens. Desde que los acreedores tomaron el poder, hace cinco años, la riqueza del país se ha reducido un cuarto, se han triplicado los suicidios y la tasa de paro juvenil llega al 50%. Grecia debe reformar su función pública, engordada por una política clientelar. El 70% del gasto público se dedica a pagar a los funcionarios cuando en Alemania el ratio se sitúa por debajo del 40%.

Ahora bien como quiera que la moda es culpar al sector público, ahí va la lista de bancos que colocaron títulos de deuda griega en el 2010: Credit Suisse, Deutsche Bank, Goldman Sachs, Morgan Stanley, HSBC, Barclays Capital, Société Générale, ING y Bank of America Merrill Lynch. Un comité de 30 expertos internacionales ha dictaminado que la deuda contraída desde el 2010 es "ominosa" y no debe pagarse porque no ha respetado los derechos humanos.

30-VI-15, Manuel Estapé Tous, lavanguardia

Como en tantas otras ocasiones, la historia, trescientos años bajo el imperio otomano, sirve para entender los comportamientos de nuestras sociedades contemporáneas. Y en el caso de Grecia hablamos de trescientos años de prácticas corruptas. El fakelaki (o pequeño sobre) para conseguir un favor de un funcionario o una menor factura fiscal siguen al orden día en este país con apenas once millones de habitantes y 768.000 funcionarios en 2010 -antes de los despidos impuestos por la troika-. Un sector público sobredimensionado y clientelar y miles de historias sobre el despilfarro, la malversación y la evasión fiscal.

Ejemplo: según los servicios de Hacienda 324 familias de los barrios ricos del norte de Atenas pagan el preceptivo impuesto sobre sus piscinas privadas. Según las fotografías de los satélites en dichos barrios existen 16.974 piscinas. A priori, el griego rico no es un entusiasta de los impuestos. Ni se paga ni se controla. Así que contactaron con ingenieros para que les instalaran carpas de camuflaje como las que disimulan los carros de combate.

El fraude se extiende por toda la sociedad y no respeta ni a los muertos. En 2010, ascendían a 321 el número de centenarios muertos que seguían cobrando, mensualmente, su pensión correspondiente. Por un muerto, cinco, seis o siete familiares cómplices del fraude.

En Grecia, país pobre, hay muchos ricos y son noticia diaria los propietarios de Porsche Cayenne que declaran ingresos anuales de entre 10.000 o 20.000 euros. Los inspectores de Hacienda recorren los barrios ricos y apuntan las matrículas de los coches de más de cien mil¿euros. Cuando cruzan la identidad del propietario con su declaración del IRPF es frecuente que la cantidad declarada sea inferior a los 20.000 euros. Seis mil propietarios de cochazos declararon una media de 10.000 euros anuales. Vienen luego las preguntas, las respuestas ingeniosas y los intentos de fakelaki. A los médicos tampoco les gusta pagar impuestos: un total de seis mil son evasores fiscales. La lucha contra el fraude fiscal depara alguna joya tributaria como un dentista con treinta millones en sus cuentas bancarias. Algunos expertos han cifrado en 200.000 millones de euros la cantidad de dinero que se ha fugado del país desde que estalló la crisis a principios del 2010. Más que la deuda externa de 175.000 millones.

Ahora bien, nuestra condición de españoles debería moderar nuestra indignación ante tan escasa conciencia fiscal. En España llegamos a acumular el 40% de los billetes de 500 euros en circulación en la zona euro. En Grecia, como aquí, asalariados y pensionistas son transparentes al fisco. No pueden ocultar nada. El deporte de defraudar sin vergüenza lo practican las profesiones liberales, médicos, ingenieros, abogados y el primordial sector turístico. Ahí se esconde una economía sumergida que algunos cifran en el 30% del PIB.

Bajo el imperio de la troika, Atenas ha reconocido que pierde cada año 15.000 millones de euros de recaudación. Desde 2010, se ha avanzado relativamente en el descubrimiento del fraude. Se han confiscado 555 yates que no habían sido declarados y siempre en el terreno de las mansiones bien acondicionadas se han localizado 1.208 piscinas más.

30-VI-15, Manuel Estapé Tous, lavanguardia