prolijo, y liberticida, "inmovilismo" de Rajoy
Rajoy no hace nada, pero el miércoles la nueva Ley de Seguridad Nacional se aprobó en el congreso con los votos de PP, PSOE y UPyD...
Se pueden decir más cosas, como que la ley crea la categoría "situación de interés para la seguridad nacional", que incluye la genérica "defensa de España" y sus valores constitucionales, incluida su indisolubilidad. La docena de páginas que despliegan la ley son tan genéricas que de hecho se podría decir que cualquier cosa que interese al Gobierno es una situación de interés...
Rajoy sólo lee el Marca, pero ha presentado una reforma de la ley electoral que le permitiría obtener la mayoría absoluta de concejales en los municipios donde sólo ha ganado por mayoría pelada. Lo mínimo que se puede decir es que se trata de una cacicada, que es lo que dijo Albert Rivera. Con los mismos resultados del 24-M, el PP tendría 386 alcaldías más.
Rajoy es exasperantemente inactivo, pero el pasado 1 de julio entró en vigor la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza, y la reforma del Código Penal. Lo mínimo que se puede decir lo dijo el conservador Elentir Vigo en su blog: la combinación entre la reforma del código y la nueva ley deja competencias de los jueces en manos del Gobierno, dado que han desaparecido las faltas del Código Penal, y las nuevas infracciones de la Ley de Seguridad pasan a ser de tipo administrativo. "Está mal y es peligroso", dijo Vigo.
Pero se pueden decir más cosas y menos técnicas, como las que dijo el New York Times en su editorial: "La nueva ley mordaza española retorna inquietantemente a los días oscuros del régimen de Franco. No tiene lugar en un país democrático."...
Pero del intento de recentralización se pueden decir cosas peores, por ejemplo lo que dice el informe elaborado en 2013 por el propio gobierno Rajoy, de título Reforma de las Administraciones Públicas. Son 730 páginas dedicadas a solucionar las "duplicidades administrativas" por la vía de darle el control absoluto al Gobierno central...
25-VII-15, J. Graupera, lavanguardia
