los demás pagamos la limpieza de la colilla o chiclet que tiras tú
Guerra a las colillas y a los chicles. Y también, a los demás pequeños desechos que han convertido muchas calles y plazas de Madrid en un espectáculo de suciedad. El Ayuntamiento de la capital española ha decidido lanzar una vasta campaña de concienciación para corregir los hábitos ciudadanos, muy extendidos, consistentes en arrojar todo tipo de residuos al suelo sin más miramientos. La alcaldesa, Manuela Carmena, reforzará su mensaje con un bando municipal. No pide un esfuerzo descomunal a sus convecinos; básicamente que dejen de tirar las cosas al suelo.
"Un chicle tarda en desaparecer cinco años; pensar en la papelera es un segundo". Éste es el texto de uno de los carteles con que el Ayuntamiento madrileño invitará a los ciudadanos a colaborar en su plan para combatir unos descuidos, cotidianos y rutinarios, que han creado un foco de inmundicia de primer orden. Conseguir que los ciudadanos dejen de arrojar el chicle, las colillas y otros desechos en calles, parterres, jardines y bancos es una meta aparentemente modesta; pero sintetiza la voluntad de revertir la degradación de la limpieza urbana registrada en los últimos años, algo que resulta sorprendente para cualquier visitante.
Carteles en autobuses, en marquesinas, en camiones de recogida y contenedores; así como señales en la calle son algunas de las actuaciones programadas. También está previsto llevar a cabo una campaña específica sobre la separación de residuos; difundir un spot para cines durante las fechas navideñas; recurrir a las redes sociales; organizar un programa educativo en que participarán padres y alumnos¿ "Hemos querido poner el acento en situaciones concretas y en el refuerzo del comportamiento positivo", señalan fuentes del Ayuntamiento de Madrid. Pero no se pone énfasis en las medidas coercitivas. "La gente arroja la colilla o el chicle por desconocimiento de lo que supone. Si supiera el costo de limpieza que tiene para el Ayuntamiento; o conociera que si tira un chicle al suelo, este va a quedar pegado al suelo, no lo haría", declara Víctor Sarabia, director general de Servicios de Limpieza y Residuos de Madrid.
En España, muchas ciudades tienen aprobadas ordenanzas que recogen multas por arrojar al suelo pitillos, chicles, papeles y otros objetos (Madrid, Barcelona, Córdoba...); pero apenas echan mano de ellas. Las administraciones dicen que prefieren concienciar a multar; pero esas campaña brillan por su ausencia, con la notable excepción ahora de Madrid. El argumento para no multar es que "habría que poner un guardia al lado de cada persona, habría que coger in fraganti, y esto no siempre es fácil", suelen decir los técnicos de limpieza.
Los ciudadanos a veces no le dan importancia a esta contaminación de bajo perfil. "Incluso, algunos creen que el hecho de pagar impuestos les da derecho a ensuciar. Pero ser ciudadano comporta obligaciones", dice Joan Pujol, técnico de medio ambiente del Ayuntamiento de Argentona, municipio que ha reducido un 65% sus residuos no reciclados con una recogida selectiva puerta a puerta (Residu Mínim). "Hay que dejarse la boca seca dando mensajes educativos; pero si después varios avisos, el ciudadano no reacciona, hay que recurrir a la sanción; porque si no hay respuesta, se le da un refuerzo negativo", dice este experto, partidario de la "tolerancia cero contra este incivismo cotidiano" y convencido de la efectividad de las multas cuando corre el boca a boca.
3-XI-15, A. Cerrillo, lavanguardia
