11M, ¿una traición al Estado de José María Aznar?

LIBRO - Valió La Pena  Jorge Dezcallar (Península - 1 octubre 2015)  AUTOBIOGRAFIA | Edición papel & ebook kindle  Comprar en Amazon España

 

 

 

 

Jorge Dezcallar, exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (2001-2004), exembajador en Washington, la Santa Sede y Marruecos.

Mallorquín culto, viajado, leído, políglota ­y dueño de la mejor colección de España de joyas bereberes­, es uno de los españoles con más sentido de Estado y que más saben de asuntos exteriores (en cuyo ministerio trabajó doce años, además de sus rutilantes destinos como embajador), y por eso enriquece conversar con él y leer sus memorias: Valió la pena (Península), subtituladas Una vida entre diplomáticos y espías, donde escribe: "Nuestra clase política, particularmente monóglata y provinciana, sufre de ombliguismo". Porque él ha visto, por ejemplo, cómo decisiones que mueven el mundo se toman en la mesa de un restaurante entre siete comensales. Conviene saber estar.

11-M era usted el jefe del espionaje.

Sí.

Y se le escapó que se urdía ese atentado.

EYa la CIA, el 11-S, y allí los terroristas dejaron muchas huellas cibernéticas. Pero aquí aprendieron, no hubo ni una pista electrónica.

No es consuelo...

Tuvequincevecesmenospresupuestoyocho veces menos personal que la inteligencia británica. Y, aun así, abortamos desgracias!

¿A qué se refiere?

Poco antes desmontamos un atentado de ETA con 500 kilos de explosivos. Lo que se evita no se sabe! Y lo otro deviene tragedia.

¿Han tenido a ETA bien infiltrada?

No contestaré, no puedo.

¿Qué más no me contará?

Cosas que me llevaré a la tumba, por lealtad institucional.

¿Por lealtad actuó contra la ética?

Jamás actué contra mi conciencia.

¿Se lo pidieron?

El ministro Trillo me ordenó un funeral rápido de mis agentes caídos en Iraq sin haber identificado bien los cadáveres! Me negué.

¿Alguna otra orden desobedecida?

El portavoz de la Moncloa, Alfredo Timermans, me exigía en nombre de Aznar que dijese en TVE que el CNI no descartaba la autoría de ETA del atentado de Atocha. Era sábado 13-M por la tarde, ya sabían que la pista islamista era la buena!

En tal caso, Aznar intentó cargarle el mochuelo con fines partidistas.

Me dolió mucho que Aznar intentara manipularme. Pero era víspera de jornada electoral y aguanté, por ayudar a detener a los terroristas que andaban sueltos.

¿Cuándo supo que ETA no había sido?

Aquella tarde: la policía había detenido a sospechosos islamistas. Dimití días después, cuando Aznar desclasificó papeles nuestros, manipulándolos, para exculparse él e inculpar al CNI de haber señalado a ETA.

Imperdonable, en mi opinión.

Eso desmoralizó a los profesionales del CNI, utilizados por el interés de una persona, no del Estado. Y dañó la credibilidad internacional del CNI: ¿quién confiaría y colaboraría con nosotros si el Gobierno lo publicaba?

¿Cómo llegó usted a jefe de espías?

Desde niño quise ser diplomático, por las historias exóticas que narraba un tío mío. Y diplomáticos y espías se parecen, al final...

¿En qué se parecen?

Buscan lo mismo: información, en bien de su país. La obtienen por medios distintos.

¿Cómo la obtiene el diplomático?

Tomando copas.

¿En serio?

Un trabajo duro! Sin descanso. Como embajador en Marruecos, en la Santa Sede o en Washington, con la impagable ayuda de mi esposa, organicé cenas, recepciones, comidas, cócteles... Así tejí relaciones con personas influyentes en beneficio de España.

¿Me ilustra con un ejemplo?

Me vino un español llorando: su socio marroquí le había engañado y se quedaba con sus barcos de pesca. Se celebraba el juicio, pero sabía que el juez estaba sobornado...

¿Y qué podía hacer usted?

Llamé al ministro de Justicia, Omar Azziman: "Estoy en la mezquita, ¿qué quieres?" Nos habíamos hecho amigos en esas cenas, y me hizo caso: investigó a ese juez, que era un corrupto, y así el español salvó sus barcos.

Bravo!

Otra vez salvé a dos empresarios valencianos de ser ajusticiados en Guinea... Y más casos... La imagen del diplomático de cóctel tiene un sentido: es parte del trabajo!

¿Qué debe tener un buen diplomático?

Una fuerte vocación, porque pide todas las horas. Y mucha empatía. Y paciencia.

¿Cuál ha sido su más fastuoso evento?

Una boda en Marruecos: bajo una jaima gigantesca, 150 mesas de diez personas cada una, y aparecen 150 camareros con bandeja de plata y un cordero asado en cada una...

Aznar tuvo roces con Marruecos...

A Mohamed V le pareció arrogante: Aznar es castellano recio y confunde firmeza con falta de cintura. Los mediterráneos nos llevamos mejor con los matices...

¿Cómo ve lo de Catalunya?

Con preocupación. Rajoy ha tenido aquí poca cintura, también, pero los independentistas no son muy negociadores, tampoco, ay!

¿Cómo mejoraría nuestra diplomacia?

La tripulación es muy leal y preparada: falta un buen capitán, con una visión. Y recursos.

¿Cómo lo hará el rey Felipe VI?

Tenemos suerte: es concienzudo y metódico.

¿Y la Reina?

Ojalá ella sea buena compañera, es un trabajo para hacer en pareja. Yo la tuve.

¿Qué personaje le ha fascinado más?

Mandela: qué elegancia natural y dignidad!

¿Y quién le ha asustado más?

Gadafi: me parecía siempre flipado.

¿Repetiría su vida?

Cada mañana me levantaba pensando: qué suerte este trabajo! Lo digo a los estudiantes: elegid un trabajo que cada mañana os divierta. Yo me he divertido mucho!

¿Con qué cóctel nos despedimos?

Con un buen mojito.

7-X-15, Víctor-M. Amela, lacontra/lavanguardia