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el alcalde que sí (este, sí) irá a la cárcel

Marcel Surià ingresará mañana en la cárcel. “Ahora hago formación a personas en riesgo de exclusión. Allí me gustaría ayudar”, asegura el ex alcalde de Santa Fe del Penedès, condenado por falsificar informes de residencia a inmigrantes ilegales. “Lo hice por motivos humanitarios”, dice. Nunca pensó que la policía lo relacionara con una banda de tráfico de personas. Y menos que, una vez aceptada la pena de dos años –no iba a la cárcel al no tener antecedentes–, el fiscal recurriera y el Tribunal Supremo aumentara la condena en tres meses.

“Aquí comencé en política –dice en referencia al Centro Agrario de Sant Pau d’Ordal–. Para las elecciones de 1991, un grupo de personas que queríamos trabajar por el pueblo formamos un partido. Conseguimos un concejal. Los de aquel grupo hemos acabado en ERC, PSC, ICV, hay independientes... Y yo acabé en CiU. Sigo militando, nadie me ha dicho que me vaya”.

Marcel saluda al mossèn, que entra al local, donde Arantxa se prepara para dar una clase de aerobic. El Centro Agrario fue un símbolo de la Nova Cançó. “Lluis Llach es medio familia. Le he preguntado si querría volver a actuar aquí”, dice la chica a Marcel, a quien todo el mundo conoce: allí y en la comarca. Alcaldes de todas los partidos políticos, incluidos los del PP, han mostrado su solidaridad y con ellos decenas de entidades. “Lo cierto es que después de mi condena no se me han cerrado las puertas. Todo lo contrario. Pero todo aquello…, todo aquello me superó”.

Marcel Surià, fotografiado esta semana en el Centro Agrario de Sant Pau d’Ordal Marcel Surià, fotografiado esta semana en el Centro Agrario de Sant Pau d’Ordal (Carles Castro)

Septiembre del 2006: Marcel, que vive desde el año 1996 en Santa Fe del Penedès –se traslada allí tras casarse–, es también el alcalde del municipio. Un vecino inmigrante le pide un informe de residencia para un familiar, para que pueda utilizarlo para tratar de legalizar su situación. Marcel acaba accediendo: “sólo” tiene que dar fe de que esa persona ha estado viviendo en Santa Fe del Penedès. Al poco le llega otro caso, un nuevo drama. Y otro más. Hasta noviembre del 2007 –ese año reedita su cargo–, que emite medio centenar de certificados, “todos ellos ficticios en cuanto a las fechas de residencia en la localidad que se hacían contar”, según se detalla en la sentencia, en la que también se refleja que “en ningún momento queda acreditado” que Marcel “recibiera contraprestación económica”.

“Corrió la voz. Un día tuve que llamar a los Mossos, porque no podíamos salir del pleno por la gente que había pidiendo certificados”, recuerda Marcel, que desconocía que el propietario de un locutorio de Vilafranca del Penedès había iniciado un lucrativo e ilegal negocio. Buscaba a ciudadanos marroquíes que quisieran vivir en España, los introducía en la península vía Algeciras y los trasladaba a Vilafranca. Y los ponía en contacto con el alcalde de Santa Fe para que les acabara expidiendo un informe.

“Las personas que acudían a mí lo hacían con grandes desgracias, necesitaban ayuda”, añade Marcel, que tuvo el teléfono pinchado durante dos años y colaboró con la policía cuando se destapó el caso en el 2009. “Entonce dimití. Siempre entendí la política desde el voluntariado y tan sólo desde el 2007 hasta el 2009 cobré 500 euros al mes por una ley que aprobó el tripartito. Pero cometí un error y tenía que asumir mi responsabilidad”, añade.

En el 2013 se fue de Santa Fe del Penedès y regresó a Sant Pau d’Ordal. Pero todavía va: tiene la custodia compartida de sus cuatro hijos, aunque ir –no lo dice, lo expresa su rostro– le crea cierto dolor. Aunque allí sea el alcalde que salvó la escuela, el que consiguió el dinero del centro cívico, el del nuevo dispensario...

Hace unas semanas conoció la denegación de su indulto: recogió 1.800 firmas en dos días. “Era un claro ejemplo para concederlo”, apunta su abogado, Jesus Santín. “No hubo contraprestación. ¿Por qué lo hizo? Por ayudar”, añade. El Consejo de Ministros del 11 de diciembre, en plena campaña electoral, denegó la medida de gracia. Marcel habla sobre los cursos de formación que tenía previstos dar. “Ojalá pueda seguir haciendo formación en la cárcel”, sentencia.

28-II-16, R. Montilla, lavanguardia