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"La estelada y la defensa de la libertad de expresión", ara

Si finalmente se confirma la prohibición de las esteladas en la final de la Copa del Rey de fútbol se habrá consumado un ataque a la libertad de expresión impropio de una democracia. La Constitución española consagra, en su artículo 20, el derecho de todos los ciudadanos “a expresar y difundir libremente los pensamientos, las ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”. Se trata de un derecho básico, fundamento de la democracia liberal, que tiene su plasmación más célebre en la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana. En la legislación estatal esta libertad ya fue limitada en su día cuando se adoptó el delito de injurias a la Corona, a España o a sus símbolos, mientras que en los Estados Unidos es legal quemar la bandera de las barras y estrellas.

Pero la intención de la delegada del gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, hija de uno de los fundadores de la Fundación Francisco Franco, va mucho más allá. Pretende situar fuera de la ley la enseña que miles de catalanes tienen colgada con normalidad en su balcón, símbolo de una reivindicación política legítima, democrática y pacífica, que no va contra nadie sino que se plantea siempre en positivo. Pero es que, además, resulta una pretensión vana. ¿Cómo piensa evitar que entren banderas en el campo? ¿Qué despliegue necesitará para retirar las que se hayan introducido? ¿Cuál cree que será la reacción de los aficionados? ¿En serio piensa que, a la ampara de la ley del deporte, se puede suspender ni que sea temporalmente un derecho fundamental como si se tratase de un estado de excepción?

Lamentablemente, e incluso con que desde el PP de Cataluña se haya alzado la voz contra la medida, Dancausa no está sola. Ayer recibió el apoyo explícito de diversos ministros y del portavoz popular en el Congreso mientras Rajoy, una vez más, se escaqueaba. En el otro extremo, tanto el PSOE como Podemos se desmarcaron. Esperemos que la justicia revoque la decisión, de la misma manera que consideró legal la pitada al rey de la final del 2009, aunque en cualquier caso habrá quedado muy clara cuál es la pobre concepción de la libertad de expresión que tiene la derecha española. Una libertad que el domingo quizás habrá de volverse a defender en el Calderón.

20-V-16, ara