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Trump escoge de vicepresidente al cristianista Mike Pence

Resultat d'imatges de pence trumpEl programa del Partido Republicano que aprobará esta semana la Convención de Cleveland plantea un retorno a políticas que los conservadores consideran indiscutibles porque, a su juicio, están inspiradas por Dios. El programa no es vinculante para el candidato-presidente, pero le marca un camino a Donald Trump, que además de no coincidir con las posiciones más pragmáticas del candidato, va en sentido contrario a la evolución de la sociedad estadounidense.

En poco tiempo, los estadounidenses en su conjunto han cambiado muchas de sus opiniones y posiciones en cuestiones de tipo moral y cultural que tradicionalmente venían determinadas por la influencia religiosa. La religión sigue siendo muy influyente pero ya no tan determinante. Por poner un ejemplo, el 55% de los estadounidenses ya apoya sin ambages el derecho a casarse de las parejas homosexuales, la misma proporción que lo rechazaba en el 2009, incluido el presidente Obama, que también ha cambiado de opinión por el camino y celebró por todo lo alto que el Tribunal Supremo reconociera el derecho constitucional al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Pero, como demostró Newton, todo cuerpo que ejerce una fuerza sobre otro experimenta una fuerza de igual intensidad en la misma dirección pero en sentido opuesto. La ley de acción-reacción se cumple en Estados Unidos porque el Partido Republicano ha decidido enrocarse ideológicamente y oponer toda la resistencia posible al cambio de valores.

Había dos caminos, abrirse y asumir los nuevos valores que predominan en la sociedad estadounidense o recuperar los viejos principios y abanderar el retorno la los valores ancestrales. El Grand Old Party (GOP), que es como de verdad se denomina el Partido Republicano, ha optado por lo segundo convirtiendo aquellos principios y valores en algo inherente a la identidad nacional de Estados Unidos.

Y a ello ha contribuido en buena parte Ted Cruz, el ultraconservador senador de Texas y miembro del Tea Party, que no consiguió la nominación presidencial, pero ha copado con sus delegados buena parte de los 112 miembros del comité que se ha encargado de redactar el programa del partido, lo que en jerga estadounidense se denomina plataforma. Cómo será el documento que la mismísima Conservative Review lo describe como “uno de los más conservadores en la memoria reciente”.

La ponencia señala que “la ley hecha por el hombre debe ser coherente con los derechos naturales que Dios nos ha dado”, y plantea que la enseñanza de la Biblia en la escuelas públicas es “indispensable para el desarrollo de una ciudadanía educada”. Con esta premisa, no ha de extrañar la intención de los redactores del pro-grama de aprobar una enmienda a la Constitución para revocar la sentencia del Supremo y establecer como “matrimonio natural” el que forman un hombre y una mujer porque “los niños merecen tener un padre y una madre que estén casados”. Rachel Hoff, una delegada de Washington DC que ha proclamado su lesbianismo, intenta someter a votación un texto alternativo que excluya el concepto de “matrimonio natural”, pero no se presenta fácil la batalla contra el ejército de Cruz, que incluso ha incorporado en el texto el derechos de los padres a buscar “terapias de conversión” para sus hijos homosexuales.

Por supuesto el documento ideológico insiste también en las posiciones contrarias al derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, pero además plantea suprimir las subvenciones públicas a los centros de planificación familiar: “Nos oponemos –dice la ponencia– al uso de fondos públicos para realizar o promover el aborto o para financiar organizaciones, como Planned Parenthood (...) y no va a financiar o subvencionar el cuidado de la salud que incluya la cobertura del aborto”.

Jesucristo no era partidario de la violencia y menos del uso de las armas. Predicó lo de poner la otra mejilla, pero ese pasaje del Evangelio los republicanos deben de habérselo saltado. Defienden a capa y espada el derecho a las armas y apoyan en diversos estados, como en Ohio, que la gente las lleve encima y de forma visible cuando paseen por la calle porque nunca se sabe lo que puede ocurrir.

Pese a su pragmatismo en cuestiones morales, que Trump ha entendido el mensaje lo evidencia el hecho de haber elegido a Mike Pence como candidato a vicepresidente. El todavía gobernador de Indiana es un auténtico cruzado de las iniciativas político-religiosas. Ya admitió el candidato que eligió a Pence, que no le apoyó a él sino a Ted Cruz en las primarias, para facilitar la unidad del partido.

De las ideas de Trump, el programa republicano incorpora lo más extravagante: la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México. “Una pared cubrirá la totalidad de la frontera sur y deberá ser suficiente para detener el tráfico de vehículos y peatones”, señala el documento.

También se incorpora en el texto que habrá “un escrutinio especial” a las personas que pretendan entrar en EE.UU. y procedan de “regiones asociadas con el terrorismo islámico”, que viene a ser una versión edulcorada de la idea de Trump de prohibir la entrada a los musulmanes.

El documento programático pasa de puntillas sobre los acuerdos comerciales con terceros países que Donald Trump ha prometido revisar o revocar, como el NAFTA o el Acuerdo Comercial Transpacífico, en contra del parecer del establishment republicano. “No podemos permitir que los gobiernos extranjeros limiten el acceso de los productos estadounidenses a sus mercados, mientras roban nuestros diseños, patentes, marcas, know-how y la tecnología”. Es la música del discurso de Trump y su eslogan “América primero”, sin asumir ningún compromiso concreto.

Algo parecido ocurre con los planteamientos en política exterior. Utilizando un lenguaje inflamado del tipo “nuestro apoyo inequívoco a Israel” o “vamos a destruir el Estado Islámico”, no precisa cambios significativos.

Sí plantea el programa del GOP un giro de 180º en la política energética, puesto que considera el carbón como “una fuente de energía limpia”, en contra del Acuerdo del Clima que el presidente Obama asumió en París y de toda la comunidad científica mundial.

19-VII-16, J. Barbeta, lavanguardia