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"Telecracia y demovisión", Sergi Pàmies

Resultat d'imatges de magazine trumpLa serie Brain Dead practica la sátira política. Elargumen tosesitúa en el Washington actual, en plena guerra electoral entre Donald Trumpy Hillary Clinton. Lastramas, sinembargo, incluye nelement osde ciencia ficción. Por ejemplo: la capital de EE.UU., yespecialmenteel Capitolio, sufre un ataque de hormigas alienígenas queseintr oducenen lasorejasd ela spersonas mientras duermen, devoran la mitad de su cerebro y las convierten en seres robóticos, abstemios recalcitrantes y conservadores terminales. Otra característica de esta abducción es que las hormigas malignas (y prorrepublicanas) se alimentan de flores de cerezo y que los humanos abducidos necesitan escuchar de manera permanente la canción You might think, de The Cars.

A medida que la campaña de Trump ha radicalizado su argumentario, las hipótesis de BrainDead ya no parecen tan fantasiosas y vuelven a confirmar que la realidad imita la ficción. Entre los síntomas que hacen presagiar una victoria de Trumpestá elhechode quelas encuestas seemp eñenenaf irmarquevaa perder.Y los que, con frívola temeridad, le comparan con Ronald Reagan, han sido rebatidos por biógrafos del expresidente, que afirman que ojalá Trump tuviera el criterio ideológico y los principios morales de Reagan. De manera que, a medida que se le desacredita, el monstruo crece, probablemente porque no actúa siguiendo la lógica electoral sino la lógica de las audiencias televisivas, mucho más reactiva y visceral.

Cada vez que se acusa a Trump de ser vulgar, autoritario, racista, clasista y machista, se está describiendo un perfil de figura televisiva que triunfa en miles de cadenas privadas del mundo (y en algunas públicas). Imitando los mecanismos de fidelización de la ficción teatral, cinematográfica y televisiva, llevamos décadas sabiendo que el antagonismo crea adhesiones sociales comparables ­y a veces superiores­ a las que provocan los héroes. La telerrealidad, que Trump conoce por ser uno de los pioneros a la hora de bajar el listón de los escrúpulos, se siente más cómoda con la monstruosidad y la conflictividad negativa que trabajando en virtudes que se interpretan como aburridas y caras ("El Mal es más barato que el Bien", me dijo una vez un gran presentador de la tele). Y hay otro elementoque tenerenc uenta:enun contexto de estancamiento económico y guerra mundial encubierta, en el que se nosrepi tequenu estroshij osnovolverán a vivir periodos de prosperidad, Trump se presenta como un multimillonario que no ha necesitado ni buenas maneras nierudición paratriunfar.Yeso lopuede detectar cualquiera y, como fenómeno viral, tiene igual eficacia que cuando en Gran Hermano o Supervivientes emergen el talento conspirador, la brutalidad verbal del bocazas, la estupidez mineral o la falta de escrúpulos de unos concursantes que, convenientemente maquillados, seelevana categoríade referencia.Y a diferencia de lo que pasa en la extraor dinaria y visionaria BrainDead, no necesitan que ninguna hormiga alienígena devore el cerebro de los electores.

14-VIII-16, Sergi Pàmies, lavanguardia