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Yemen, peor que Siria

Yemen demuestra, con mucha más claridad que Siria, la gran diferencia que hay entre la palabra y la acción, entre la elevación intelectual y el caos de la vida a ras de suelo. Sobre el papel, la guerra en Yemen, que Arabia Saudí libra con el apoyo moral y material de Estados Unidos, es contra el terrorismo. Pero no contra el terrorismo de Al Qaeda, grupo de origen saudí bien implantado en el desierto yemení, sino contra los hutíes, un grupo rebelde del norte de Yemen, junto a la frontera saudí, formado por zaidíes, una rama del chiísmo. Hace más de 40 años que los saudíes, guardianes de la ortodoxia suní, combaten a los zaidíes con poco éxito. Esta es una guerra de religión y también un pulso geoestratégico entre Irán y Arabia Saudí por el dominio del golfo Pérsico. Con frecuencia escuchamos al presidente estadounidense Barack Obama hablar de combatir la intolerancia, de perseguir a los líderes yihadistas, sean de Al Qaeda o del Estado Islámico, de brindar un futuro mejor a las nuevas generaciones del mundo árabe. Es ética con luces de neón, destellos de colores para ocultar lo inevitable, es decir, el apoyo decidido de su Administración a una monarquía que extiende por el mundo la doctrina más radical del islam, el salafismo wahabita, la misma ideología que ha situado a tantos y tantos jóvenes en la senda del martirio, del terrorismo contra Occidente. Mientras el Estado Islámico utiliza libros de texto saudíes en las escuelas de Irak y Siria bajo su dominio, Irán pide a las Naciones Unidas que combatan el wahabismo, "la ideología del odio". Después del acuerdo nuclear con EE.UU., Irán reclama un lugar destacado en la mesa que decide el futuro de la región. No ha renunciado a la bomba atómica sólo por dinero. Arabia Saudí, sin embargo, no está por compartir nada. Al frente del reino está un hombre de 30 años, el príncipe heredero Mohamed bin Salman, alias MBS. Su padre, el rey Salman, sufre de demencia, y él, además de ser ministro de Defensa, lleva las riendas de la casa de los Saud. "Es un niño con una Playstation ­reconocía ayer un diplomático europeo en la región­ y Yemen es donde más le gusta jugar". Lleva un año y medio bombardeándolo casi todo con sus cazas F-15. Tiene 84, comprados en el 2010, la mayor venta de armas realizada jamás por Estados Unidos: 60.000 millones de dólares en un pedido que también incluía 170 helicópteros y 1.300 bombas de racimo. Un negocio redondo para el Gobierno estadounidense, que actúa como agente comercial de los fabricantes de armas. Sólo el contrato de mantenimiento de los F-15 es de 2.500 millones de dólares. Durante sus ocho años en la Casa Blanca, Obama, fiel al compromiso de garantizar la seguridad de los Saud a cambio de petróleo barato, les ha vendido armas por un total de 111.000 millones de dólares. Entre ellas, muchas bombas de racimo. Los saudíes están de suerte porque ni ellos ni los estadounidenses han firmado la convención internacional contra su uso a la que se han adherido un centenar de países. La aviación saudí ataca mercados y no por error. Dos bombas inteligentes cayeron en el zoco de Mastaba el pasado 15 de marzo. Murieron 97 personas, entre ellas 25 niños. El 24 de julio murieron 65 en Moka, incluidos diez niños. El Pentágono ofrece apoyo logístico, de aviones cisterna a satélites espía, para que MBS acabe con los hutíes, aliados de Irán. A cambio,dispone de una base para drones en el sur de Arabia Saudí desde donde lanza misiones contra las bases de Al Qaeda en Yemen. Estos ataques han acabado con algún líder de la organización, pero ésta mantiene sus posiciones territoriales. Este verano, por ejemplo, tuvo que ceder el puerto de Mukala, en el mar de Adén. Lo que el Gobierno yemení vendió como un gran triunfo militar, fue una retirada pactada, que permitió a Al Qaeda replegarse en el interior con casi todos sus efectivos. Mientrastanto, los norteamericanos miran para otro lado. Yemen, el más pobre de los países árabes, es demasiado insignificante. No merece la pena tensar la cuerda con los saudíes para proteger a su población. No importa que Peter Maurer, presidente de la Cruz Roja, haya dicho que Yemen está mucho peor que Siria. Obama deja hacer a MBS y anoche, mientras Alepo ardía, se disponía a vetar una ley del Congreso que permite a las familias víctimas del 11-S demandar a Arabia Saudí por su papel en aquellos atentados que causaron 3.000 muertos.

24-IX-16, Xavier Mas de Xaxàs, lavanguardia