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"Dignidad", Pilar Rahola

Sin duda llega tarde, pero, como dice el sabio, nunca es tarde para hacer lo correcto. Y si alguna cosa es correcta en la historia de los pueblos, es la restitución de la dignidad de sus víctimas. En este sentido, la transición española significó una auténtica claudicación, porque no se asentó en la concordia, sino en el olvido; no lo hizo en el perdón, sino en la impunidad. Y, con el olvido y la impunidad, se sacrificó la memoria trágica. Las víctimas del franquismo murieron dos veces: murieron cuando fueron asesinadas, y murieron cuando fueron olvidadas. Olvidadas y, con el blanqueo del franquismo por parte del relato oficial, prácticamente negadas.

¿O hay que recordar los ignominiosos privilegios que mantuvieron los familiares de Franco hasta muy entrada la democracia? ¿O la vergonzosa ayuda pública que recibió la fundación del dictador durante años? ¿O la imposibilidad de enterrar con decencia a centenares de personas, cuyos cuerpos todavía están en las cunetas? La democracia española se arrodilló ante la dictadura –no en vano, el tirano murió en la cama–, y confundió –y todavía confunde– el rechazo al revanchismo con la desmemoria de los verdugos.

20-X-16, Pilar Rahola, lavanguardia