RADICAL
radicalparty

"Ciudades y naciones", Luis Racionero

Renaissance Italy: Esa gran improvisadora que es ahora alcaldesa de Barcelona asistió no hace mucho a un congreso mundial sobre ciudades donde se debatió el futuro de estas. Parece ser que alguien propuso que el futuro de las ciudades será más duradero e influyente que el de la nación. Se cerraría así el ciclo que empezó en Sumeria.

Cuando se inventó la agricultura hacia 8000 a.C. apareció en ella la aldea, asentamiento de varias decenas de familias que están en los centenares de habitantes. Cuando se canalizaron los ríos Tigris y Éufrates para cultivar, apareció la ciudad con miles de habitantes. Eso sucedió en el 4000 a.C. en Sumeria: Uruk, Eridu, Erech.

Estas primeras ciudades vivían del hinterland agrícola próximo a ellas, las cuales, aunque irrigadas artificialmente, no daban para mantener más de 15.000 personas. Sumeria tuvo unas 20 ciudades de este nivel rodeadas de aldeas. En los años 2000 a.C. en Egipto, Menfis y Tebas alcanzaron los 100.000 habitantes. ¿Qué invento propició ese salto? La guerra y el imperio. Del imperio saldría en el siglo XV la nación.

Para pasar de los 15.000 habitantes a los 100.000 de Menfis fue preciso la aplicación de Estado a un territorio más amplio que abarcase un conjunto de aldeas y ciudades, dominadas por una gran ciudad capital, cuyos excedentes de producción no provenían sólo del hinterland próximo, sino de un territorio extenso dominado por la ciudad más guerrera. Así nace el imperio: de la ciudad y la guerra.

El jeroglífico egipcio para ciudad era Ø: la encrucijada dentro de la muralla. Un cruce de caminos protegido. Lugar donde se reúnen excedentes y se almacenan en la ciudadela del rey y se guarda información en los templos de los sacerdotes.

Olvidaba decir que la ciudad es el corolario espacial de la especialización funcional. Dicho en cristiano, a los diversos oficios especializados más allá del de agricultura: tejedor, guarnicionero, albañil, carpintero, soldado, cura, comerciante, arriero, estos especialistas deben intercambiar sus productos y el modo más eficaz es agrupándose en la ciudad.

La ciudad de tamaño humano, de unos 60.000 habitantes poblada con una densidad de 150 personas por hectárea y de una extensión que permite a todos llegar al centro andando en menos de 10 minutos, fue la Atenas de Pericles y la Florencia de los Medici. Sus medidas han quedado como canon de ciudad a escala humana, eminentemente civilizadora.

Son capitales de una ciudad Estado, ­llamada polis en Grecia, que ocupa un hinterland de unos 20 km de radio. Las ciudades que sobrepasaron estos límites se organizaron según modelos teocráticos de monarquías centralizadas, autoritarias y militaristas. Así se conglomeraron los imperios egipcios, asirios, persas y romanos. Cuando cayó el imperio romano hacia 500 d.C., sus territorios se fragmentaron en condados, ducados, principados y reinos, bajo la autoridad teórica y a veces práctica del Papa y el emperador románico-germánico. En esa fragmentación aún quedaban ciudades Estado, como Florencia en Italia.

Pero en 1500 Francia y España inventan la nación o Estado nacional, que agrupa territorio muy extenso con objeto de reclutar un ejército mayor y, con él, conquistar a las ciudades Estado y a los condados, ducados o territorios circundantes.

Francia y España se apoderan de Italia y suprimen la ciudad como fuente de autoridad para depositarla en el rey, Carlos V el primero, Fernando el Católico el precursor, y luego los franceses cuando prescinden del rey deciden que la soberanía reside en “la nación”, una figura retórica que se inventa el abate Sieyès, pero que ha cosechado gran éxito, hasta dominar la geopolítica mundial entre el 1500 y ahora.

Las naciones pueden reunir ejércitos más numerosos que una polis y con ellos conquistar ciudades antiguas o colonias vírgenes. España, Holanda, Inglaterra, Portugal se van por los océanos en busca de riqueza fácil a base de expoliar nativos con lanzas y flechas. Kipling lo resume con cinismo inglés: “Porque nosotros tenemos la ametralladora Maxim y ellos no”. Que les aproveche. Ese ha sido el recorrido del Estado nación: crear imperios coloniales y pelearse por ellos. Hasta los belgas se fueron a robar en el Congo. Las excusas de civilizar a los nativos sonaban bien, pero la cosa se retrasó tanto que los nativos optaron por independizarse después de 1950.

Con el fin de los imperios, la nación ha perdido su razón de ser, a menos que se vuelvan contra sus propios territorios, como avisó Unamuno que podía suceder en España al perderse las colonias. Ahora es más útil que la nación un conglomerado mayor tipo Unión Europea o Estados Unidos de América o China, que son espacios del tamaño de los imperios pero sin un Nerón o Trajano al mando.

Estos grandes territorios sólo podrán articularse a través de las ciudades, por medio de las mallas de ciudades que cubran el territorio y que actúan de colectores y distribuidores de recursos ya sean materiales o mentales. La ciudad será el motor del futuro.

4-XI-16, Luis Racionero, lavanguardia