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(Trump) "Ganó The Joker", Luis Racionero

El lenguaje de la intuición no son las palabras, sino los símbolos. Al ser una facultad suprarracional, a la intuición no le sirven herramientas racionales como la palabra, el concepto y el silogismo. La intuición vuela por encima de todo eso para esclarecer, como un relámpago, las situaciones. Dado que la victoria de Trump ha sido tachada de brote irracional, cuando no cosas ­peores, habremos de usar herramientas mentales que superen lo racional para ­comentarla.

Cuando veo a Trump no sé por qué veo a Jack Nicholson caracterizado de payaso, The Joker, en la película de Batman. ¿Qué es el Joker? Uno de los 22 arcanos mayores del tarot que complementan los palos y figura de todo juego de cartas. Los arcanos mayores son 22 símbolos que contienen situaciones vitales y que, combinadas en las tiradas prototípicas, dan información simbólica sobre lo que está pasando.

Ustedes comprenderán que consultar el tarot no es más des­cabellado que explicar racionalmente por qué Trump es presidente. Y debo señalar que reyes, papas, príncipes y poderosos personajes –entre los que se cuentan Reagan y Mitterrand– ­utilizan los arcanos de tarot para guiarse en sus actos. En resumen, que no creo que el ­tarot vaya más errado que las encuestas, consultores y politólogos que no han dado una con Trump, y en tantas otras ­ocasiones.

En el magnífico libro de Sallie Nichols titulado Jung and Tarot, donde aplica la psicología analítica de Carl Gustav Jung al significado mítico de los arcanos mayores, la autora escribe: “ The fool is the most powerful of all the Tarot Trumps” (el póquer o comodín o loco es el más poderoso de los Trumps del tarot). Trump quiere decir triunfo en el juego de naipes.

Dado que no tiene número fijo el Joker puede viajar a su antojo. “En las cartas modernas disfruta confundiendo al Stallishment”, dice Nichols en su explicación del arquetipo. En el póquer puede capturar al rey y toda su corte; en otros juegos de cartas surge inesperadamente, creando lo que se llama turno mal tallado ( miss deal), lo cual no deja de ser curioso para un señor que escribió un libro titulado The art of the deal.

El loco del tarot es la primera carta pero no se queda ahí, encarna y experimenta los otros 21 arcanos y por ello deviene el número 22, transformado de loco en sabio. Como Dalí, que decía: “La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”.

Me parece eminentemente intuitivo aplicar este símbolo para penetrar la personalidad de Trump. Si tienen uno mejor, se lo compro, como diría Groucho, pero todos van a ser por el estilo: el flautista de Hamelín, el bufón del rey, el bromista, el engañador, el que osa decir que el rey está desnudo.

¿Qué peligro presenta este personaje para la paz del mundo o para la prosperidad de América? Ninguno, porque hay un método en su locura. Para ganar las elecciones dijo toda clase de barbaridades y disparates. Al día siguiente estuvo conciliador y educado, casi amable. ¡Que va a echar a 3 millones de simpapeles! Obama echó a 2,7. Démosle los tres meses de cortesía para ver cómo la muralla se convierte en valla.

Y no crean que me gusta este presidente: a mí me gustaba Kennedy, John o Robert, y ambos fueron asesinados, por lo que yo perdí mi admiración por Estados Unidos. Fue la primera decepción política de mi vida. Desde entonces cada vez empatizo menos con los personajes políticos, lo relativizo todo hasta creer que nunca pasa nada, ya que los gobiernos en funciones funcionan, como su nombre indica, aunque no sean gobiernos jurados. Cuando Nicholson en su orgía de destrucción como Joker entra en la galería de arte, arrasa con todo menos con Bacon, ante el que se queda frenado y lo respeta con una mueca de admiración. Veremos.

De momento lo más perversamente divertido es ver la cara que se les ha quedado a los intelectuales y progres de toda laya que renegaban de Trump como la abominación de la desolación. Aparte de preguntarse ¿cómo ha podido ganar Trump?, convendría preguntarse ¿cómo han podido equivocarse tanto? Pero ya se equivocaron en Mayo del 68, con la revolución de las flores, con la caída del muro de Berlín ¡causada nada menos que por otro procerato Reagan, “ese actor mediocre de pe­lículas serie B”.

Entre televisiones, periódicos y radios llegan a crear un circuito que se retroalimenta, una burbuja que se cierra aislada de la realidad y que vive de su propia información, que va en círculos, sin captar lo que hay en la realidad, la real, la que no es de papel, ni es virtual. La de los “eventos consecutivos que suceden en la calle”. En esa realidad, unos millones de personas con voto deciden que prefieren al flautista de Hamelín en vez de la muñeca de trapo sin alma y con el rictus de una sonrisa cosida a la cara.

Yo creo que no hay nada que temer: este no parece ni la mitad de mala persona que Nixon. Y es mucho más ocurrente. Disfruten del carrusel y la noria con el Joker.

18-XI-16, Luis Racionero, lavanguardia