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Radio Radicale, un lujo para sibaritas de la informacion política

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Roma, en muchos aspectos, desprende un aroma de los años setenta del siglo pasado. Para lo bueno y para lo malo. Esa sensación he tenido, de nuevo, al entrar en la redacción de Radio Radicale, un monumento al periodismo serio y riguroso, un caso quizás único en el panorama informativo internacional. En los pisos que ocupa la legendaria emisora italiana, en la vía Príncipe Amadeo, cerca de la estación Termini, reina un caos entrañable y se pasea un perro. En las paredes cuelgan algunos pósters de viejas luchas civiles y los archivos, muy valiosos, guardan todavía miles y miles de horas de programación grabadas en cintas magnetofónicas. Allí pueden encontrarse desde sesiones históricas del Parlamento a procesos judiciales o congresos de partidos ya desaparecidos. Radio Radicale, nacida en 1976 de la mano del Partido Radical, es un medio muy singular, una emisora que nació como órgano de partido pero a la vez –y por encima de todo– siempre con vocación de servicio público, de ayudar a sus oyentes a “conocer para deliberar”. Su audiencia es una comunidad de sibaritas que disfruta de profundizar en las noticias y en los análisis, sin prisas, sin sensacionalismo, con aportaciones desde todos los ángulos ideológicos, con sólida contextualización cultural. En Radio Radicale no hay anuncios publicitarios ni música comercial. Es una emisora muy artesanal, una deliciosa reliquia. Prima el fondo sobre la forma, la conversación sobre el ruido.

una visión de 360 grados

Radio Radicale siempre ha querido dar una visión del mundo de 360 grados, no ser una emisora de poder sino de debate”, asegura Massimiliano Coccia, el responsable de la información cultural. “Nos escucha desde el operario hasta el jefe del Gobierno, desde el cura hasta el anticlerical –añade–. Es una radio lenta. Nuestro fundador, Marco Pannella, insistía en que el tiempo de los acontecimientos no es suficiente para la reflexión, que la duración es la forma de las cosas. Quien hace radio veloz, quiere un oyente distraído. La radio lenta exige mayor preparación del periodista. Nosotros no tenemos el problema de la verdad o la postverdad”. Radio Radicale cuenta hoy con una media de unos 300.000 oyentes diarios, un club exclusivo que incluye a muchos políticos y líderes de opinión. Tiene un presupuesto de unos 10 millones de euros al año y una plantilla de 50 profesionales. El grueso de la financiación procede del Estado, que paga a la emisora por sus transmisiones en directo de las sesiones parlamentarias y otros acontecimientos de la vida política y judicial. Se le reconoce su servicio público e institucional, pese a ser un ente privado. Es legendaria su revista de prensa matutina, de medios italianos e internacionales, que dura una hora y cuarto y la presenta un periodista de voz cavernosa. Ya casi nadie hace programas así.

Resultat d'imatges de radio radicalePannella, un Quijote italiano

El fundador y alma de Radio Radicale fue Marco Pannella, fallecido el pasado mes de mayo a los 86 años. Pannella, personaje irrepetible, vivió como una especie de Quijote de la política italiana, un defensor apasionado de los derechos individuales, que llevó hasta el final y aplicó en carne propia, sin importarle que pareciera una actitud irresponsable y descabellada. Enfermo terminal de cáncer, seguía fumando y levantaba el paquete de cigarrillos como desafío a la alarmante publicidad disuasoria. Odiaba las prohibiciones. Creía que la libertad de la persona es sacrosanta, para vivir y para morir. Se batió a favor del divorcio, del aborto, de la despenalización del consumo de drogas, contra la pena capital en el mundo, por la supresión del servicio militar, contra el hacinamiento en las cárceles, por las bodas entre homosexuales. Una campaña contra el hambre en el planeta lo llevo a decidir un día que la única música que sonaría en Radio Radicale sería el Réquiem de Mozart. Pannella cultivó amistades en un círculo político muy amplio. Incluso fue considerado para la presidencia de la República, a sabiendas de que hubiera sido un jefe de Estado muy heterodoxo. Cuando los médicos ya lo habían desahuciado, se refugió en su casa, muy cerca de la Fontana di Trevi, que se convirtió en un lugar de peregrinación. Pasaron por su cocina-comedor el entonces primer ministro Matteo Renzi y Silvio Berlusconi. Sabían que se iba un mito de la Italia contemporánea. Su radio le sobrevive.

7-I-17, E. Val, lavanguardia