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"¿Y de qué es este disfraz tan chuli?", Joaquín Luna

Resultat d'imatges de carnaval escolarLa frase es de paternidad incierta pero da enjundia a la columna: las victorias británicas en India se forjaron en los campos de juego de Eton.

Marchando otra de enjundia: los antidepresivos y la insatisfacción de los españoles se forjaron en los paseíllos escolares de carnaval, cuando unos niños con disfraz eran sacados a pasear, entre la admiración de cuatro abuelos ociosos y las grabaciones de padres con baba. Y se creyeron artistas de cine, princesas o batmans alados.

¡Ha llegado el carnaval!

Yo, a celebrar el carnaval en la escuela le veo aún menos pedagogía que a sabotear el coche de un profe, esconderle el plumier o imitarle a sus espaldas, gamberradas que acarreaban una sanción de aquí te espero.

¿Había algo más pedagógico que castigar nuestros impulsos incívicos de manera que jamás se te ocurría hacerte el gracioso de nuevo?

La pedagogía proactiva nos lleva a canalizar la maldad infantil y en lugar de que los niños hagan el indio por su cuenta en el cole los disfrazamos de indios –víctimas de genocidios– y les damos coba sacándolos a pasear en fila india y desarmados para que se luzcan ante la parentela o reciban coba de cuatro jubilados, que ya ni reparten bastonazos ni llevan boina:

–¡Qué disfraz de pitufo tan chuli!

–Señora, ¡soy un ninja!

La vuelta al ruedo de estas cuadrillas de niños disfrazados es como la de esos toreros voluntariosos que la dan por su cuenta sin que nadie se la haya pedi-do. Sólo que aquí, a diferencia de en Las Ventas, el público no les abronca, sino que aguarda impaciente. Impaciente porque ser padres es maravilloso y el coche está mal aparcado o hay que volver a toda prisa al trabajo maldiciendo al cónyuge que cada año por carnaval tiene una reunión urgente.

Debo admitir que los disfraces tienen su función social: sostienen la industria textil china y mantienen viva la destreza costurera de las abuelas de este país, que en lugar de ver la tele, merendar con las amigas o festejar con un señor viudo se ven conminadas a coser in extremis cuantas costuras requiere el disfraz elegido.

¿Y la ilusión de los niños? Eso sí. Por unas horas, abandonan la disciplina del aprendizaje para sentirse bucaneros, brujas, spidermans, princesas, galácticos o miembros del cuerpo de bomberos cuando lo que el país necesita son empresarios, estadistas y voces capaces de ganar Eurovisión.

Yo también asistí a uno de estos desfiles de mi hijo y sentí cierto orgullo aunque muchas criaturas ponían cara de trámite y algunos papás se dedicaban a tirar la caña a las mamás, aprovechando la felicidad colectiva y el espíritu del carnaval.

Resultat d'imatges de carnaval escolarUn año más, el carnaval llega a los centros educativos. Así, escolarizando una fiesta gamberra y libertina, los adultos del mañana aprenden a ser aburridos y previsibles en las festividades de farra y desenfreno.

23-II-17, Joaquín Luna, lavanguardia