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el sistema electoral hace que Macron arrase con el 15’3% del voto del censo

En la primera vuelta de las legislativas celebradas el domingo, el movimiento de Macron (REM) recibió 6,4 millones de votos, sobre un censo de 45 millones; es decir, el 15,3% del voto del censo. No hubo progreso, sino retroceso: en la primera vuelta de las presidenciales, el 23 de abril, Macron obtuvo más de dos millones más de votos que el domingo. Y con esa tercera parte de la mitad del voto, gracias a la enorme abstención (51%) y al sistema mayoritario, recibirá el domingo que viene alrededor del 80% de los escaños de la Asamblea Nacional. La conclusión es evidente: la próxima asamblea no reflejará la realidad del país. Pero ¿es Macron el culpable?

Ni es culpable, ni es algo nuevo. En 1993 y en el 2002, sin ir más lejos, la mayoría fue igual de aplastante. Cuando François Hollande ganó en el 2012, además de una sólida mayoría en la Asamblea, tenía mayoría en el Senado, en las regiones y en los municipios. Más que Macron. La diferencia es la ausencia, o extrema debilidad, de la oposición que ya se vislumbra.

El Partido Socialista ha confirmado su evaporación con el peor resultado de su historia y sin líderes capaces de resolver su entuerto. Los millones de votos del Frente Nacional se traducirán quizá en dos o tres escaños y está por ver si la izquierda (Francia Insumisa) logra formar un pequeño grupo parlamentario.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ayer a las puertas del palacio del Elíseo El presidente francés, Emmanuel Macron, ayer a las puertas del palacio del Elíseo (AFP)

El responsable de todo esto es el sistema electoral francés, concebido en 1958 para un hombre excepcional, el general De Gaulle, en una época excepcional. Lo de ahora es tan manifiestamente injusto que el propio Macron quiere reformarlo, introduciendo en el sistema “una dosis de proporcionalidad”. Pero esa reforma no es ­prioritaria; no se acometerá hasta el 2018.

A los más de 400 diputados (sobre un total de 577) pronosticados para el macronismo en la final del próximo domingo, hay que sumar el centenar de diputados atribuidos al partido conservador Los Republicanos, muchos de los cuales apoyarán con su voto las políticas de recortes de Macron.

Además de los exmiembros de ese partido que hoy son ministros de Macron (la economía está en sus manos y el primer ministro también viene de ahí), hay toda una serie de diputados de Los Republicanos que han sido comprados por el macronismo, por el procedimiento de no oponerles ­candidatos de REM en su circunscripción.

“Somos bastantes los que pensamos que no se puede estar en una oposición sistemática al Gobierno”, dice Franck Riester, uno de ellos.

El fenómeno también se da en el Partido Socialista: el ex primer ministro Manuel Valls y la exministra de Sanidad Marisol Touraine se han beneficiado del mismo trato y se han clasificado para la segunda vuelta, pero si el PS ya es un cadáver, Los Republicanos aún conservan peso. Aunque también han registrado su peor resultado en la V República y carezcan de un líder potente de futuro que les saque de la crisis, la polémica que les divide ante Macron –oposición frontal o constructiva– puede debilitarlos aún más.

“Hay un peligro de partido único”, clama la presidenta conservadora de Île-de-France, Valérie Pecrese. “Las fracturas de la sociedad no han desaparecido ni se han borrado”, advierte el líder del partido, François Baroin.

Estas declaraciones no impresionan al Gobierno: “Pese a la abstención ha habido un apoyo al presidente”, dice el primer ministro, Édouard Philippe.

, París. Corresponsal

13/06/2017 - lavanguardia