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España cañí -267: el AVE, reflejo de la diferencia entre ciudadanía y casta

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- Buenos días, le atiende Wendy: ¿En qué puedo ayudarle?

–Quiero comprar dos billetes en la Sala Executive del AVE...

–Lo siento. Esa sala no se comercializa. Está reservada a autoridades. Me refiero a cargos del Gobierno, diputados...

Resultat d'imatges de ave El comprador frustrado había visto a uno de sus amigos de la universidad, que no era el más brillante pero luego fue el más listo, perderse tras la puerta acristalada de la Sala Executive. Había ido a saludarle para toparse con un cartel de “Prohibido el paso” que no le impidió verlo junto a otras caras conocidas que juegan al choque de trenes, pero van en la misma sala del AVE.

El AVE es un tren muy raro en el que puedes comprar un billete de preferente, más espacioso y con almuerzo y diarios incluidos, por menos dinero que uno de turista. Es así de extraño, porque las empresas de este país prefieren parecer más austeras que serlo y pagan más por un billete de turista que por uno de preferente. El algoritmo de ventas de Renfe acaba pidiendo más dinero por los billetes más solicitados y, por eso, aunque sean peores, se venden más caros. Las empresas gastan más para que sus empleados vayan más incómodos, pero dejan claro que no derrochan un céntimo.

El comprador frustrado lo sabía y esperaba que sucediera algo parecido con la Sala Executive, pero su único algoritmo es servir a la clase extractiva madrileña y sus derivadas autonómicas. Sabe que paga con sus impuestos el déficit del AVE que tardará décadas en cubrirse y piensa en llamar a su amigo el político para decirle que si él se presentara a elecciones iría en turista para que todo el mundo viera que es como todo el mundo. También le diría que la mujer del César no sólo ha de ser honesta sino parecerlo, pero teme que le conteste: “Al César le basta con parecerlo”. Entonces le contaría que el rey de Noruega se ha puesto a la cola de la Seguridad Social de su país para operarse de próstata y que allí ven normal que haga cola en el ambulatorio junto a los demás prostáticos. En países así, los trenes no tienen Sala Executive, porque sólo hay una que es cómoda y silenciosa para todos.

Al final, el comprador frustrado, en vez de llamar al político, le envía a su amigo periodista las grabaciones de Renfe diciendo que la Sala Executive del AVE sólo es para los que mandan. Y las acabo de ­escuchar.

19-VII-17, Lluís Amiguet, lacontra/lavanguardia

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