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"Moderados sin alternativa", Francesc-Marc Álvaro

Hoy es la Diada Nacional de Catalunya y el independentismo volverá a demostrar que es la causa que moviliza a más gente en este país. Pero ser capaz de movilizarse no lo es todo, en política. Antoni Puigverd, buen amigo y compañero en estas páginas, escribió un tuit el otro día donde formulaba una pregunta importante, que él mismo ha expuesto también en sus artículos: ¿tiene suficiente fuerza el independentismo para vencer? Puigverd recordaba que, según el gran líder comunista italiano Togliatti, lo que legitima una revolución es la victoria. Realismo político en estado puro.

Las manifestaciones multitudinarias de cada Onze de Setembre, desde el 2012, han sido el gran escaparate de los partidarios de la secesión democrática, con un tono pacífico y cívico subrayado por todos los medios internacionales. Ha sido la mejor manera de responder a unos gobiernos españoles que se han negado a escuchar. Cuando el unionismo ha querido imitar estas manifestaciones, ha fracasado rotundamente. Pero transformar el éxito de las grandes movilizaciones en ventaja política no es tan fácil como parece: las elecciones del 27-S supusieron la victoria de los partidos independentistas, pero sin llegar al 51% y con menos peso del esperado por parte de Junts pel Sí. Entonces, en vez de reescribir la estrategia a la luz de los resultados, los líderes políticos y los dirigentes sociales concernidos continuaron adelante, sin alterar ni los plazos ni los ritmos, aunque la sustitución de Mas por Puigdemont iluminó la debilidad de ciertas alianzas. Todo eso ya se sabe, pero hay que recordarlo ahora, cuando es obvio que renunciar al referéndum es imposible para el Govern, pues sería interpretado como una rendición.

Las calles se llenarán hoy nuevamente de personas que llevan la estelada, a tres semanas de un referéndum de autodeterminación que el Estado ha prohibido. El independentismo ha decidido improvisar y jugar al gato y el ratón hasta el 1-O, porque no tiene bastante fuerza para hacerlo de otra manera. En este esquema, dar tanta importancia a los ayuntamientos es una jugada que se podría girar contra el Govern, dado que las grandes ciudades del área metropolitana –además de Tarragona y Lleida– se escapan a la influencia institucional de los independentistas, para no mencionar Barcelona.

El Estado tiene toda la fuerza a su servicio, lo cual no implica que la utilice como en 1934. El teatro del miedo con escenografía policial –en Valls o dónde sea– tiene ahora más de surrealismo que de dramatismo, una percepción que Madrid quizás no ha tenido en cuenta. Por otra parte, los que rodean a Rajoy tendrían que retener algunas de las frases recientes del conseller Santi Vila, como esta: “Si la alternativa a hacer lo que hemos hecho es que los catalanes no tengan derecho a decidir, los moderados no tenemos alternativa”. Los llamados moderados serán la gran mayoría hoy y el 1-O.

11-IX-17, Francesc-Marc Álvaro, lavanguardia