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el Gobierno rumano amenaza a sus ciudadanos magiares

http://www.dvhh.org/history/1900s/tianon/6-trianon_ethnic_map_1920-hun.pngEl primer ministro de Rumanía, Mihai Tudose, amenazó el pasado jueves con hacer “ondear” junto a sus banderas a los defensores de la autonomía de la región transilvana de Tinutul Secuiesc, poblada mayoritariamente por húngaros étnicos, y negó cualquier posibilidad de concederle un autogobierno.

“No son tres partidos grandes, pero es cierto que no se les puede ignorar. Pero lo voy a decir claro: he avisado de que si la bandera székely ondea en las instituciones de allí, todos ondearán junto a la bandera”, declaró Tudose a la emisora Realitate Tv, en referencia al nombre en húngaro de esa minoría.

“Lo voy a decir claro: he avisado de que si la bandera székely ondea en las instituciones de allí, todos ondearán junto a la bandera”

Tudose colgó horas después un mensaje en la red social Facebook en el que afirmaba que rechaza cualquier diálogo sobre la autonomía de una parte del país y recuerda que eso sería una “violación de la Constitución del país, que garantiza desde la primera línea la unidad y la indivisibilidad del Estado rumano”.

Porcsalmi Balint, presidente de la Unión Democrática de Húngaros en Rumanía (UDMR), uno de los partidos de esa minoría, reaccionó con un duro mensaje en su cuenta de la red social Twitter. “Con un mensaje político de la Edad Media, el primer ministro Tudose ha insultado y ha amenazado a la comunidad húngara de Székely. Puede no estar de acuerdo con un proyecto político, pero no se puede mandar a la horca a aquellos que no comparten la misma opinión”, señaló Balint.

El UDMR ha exigido al jefe del Gobierno que pida disculpas públicamente por esas palabras, al considerarlas “profundamente irresponsables”. “El primer ministro, o no está informado o no ha entendido nada sobre la propuesta de tener un diálogo sincero con los rumanos sobre el tema de autonomía”, precisó el partido en un comunicado.

La UDMR y otras dos formaciones firmaron el lunes una declaración en la que reivindican una autonomía política y cultural para Tinutul Secuiesc, habitada por unas 800.000 personas, “con competencias legislativas y ejecutivas”. Además, abogan por introducir una enmienda en la Constitución que permita la descentralización, algo que no se permite actualmente.

El ministro húngaro de Exteriores, Péter Szijjártó, calificó de inaceptable que el primer ministro profiriera tales amenazas. ”Es absolutamente inaceptable que (Tudose) prácticamente haya amenazado con ejecutar a los representantes de una comunidad nacional”, aseguró Szijjártó ante la prensa, y agregó que ha convocado al embajador de Rumanía para expresarle su malestar, informó la agencia MTI.

Según Szijjártó las palabras del primer ministro rumano relacionadas con las ambiciones autonomistas de los magiares “son indignas de los valores europeos y del siglo XXI”.

http://www.americanhungarianfederation.org/images/Trianon/trianon_changes.gifEl tratado de Trianon (1920) estableció que una parte de Hungría pasara a formar parte de Rumanía, donde hoy viven alrededor de 1,5 millones de húngaros étnicos, de un total de 20 millones de rumanos, repartidos por la región de Transilvania y concentrados en particular en Tinutul Secuiesc.

La cuestión de los húngaros de Transilvania es una fuente de conflictos entre Hungría y Rumanía.

Agencias, Bucarest

15/01/2018 lavanguardia

, Bruselas. Corresponsal

16/01/2018 - 00:45h

Las heridas que la atribulada historia europea del siglo XX dejó en algunos rincones del continente siguen sin cicatrizar. Ni la pertenencia a la Unión Europea o a la misma alianza militar, la OTAN, han logrado eliminar las tensiones étnicas creadas hace un siglo, cuando la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Trianon obligaron a millones de personas a cambiar de pasaporte.

Hungría y Rumanía se han vuelto a enzarzar estos días en una agria disputa por los derechos del pueblo szekler, la principal minoría húngara en el país. A diferencia de lo que ocurrió en una fecha tan reciente como 1990, el choque es sólo dialéctico aunque amenazador: “Si vuelven a colgar una bandera szekler en las instituciones de aquí, colgarán ellos también al lado de la bandera. La autonomía está fuera de cuestión”, dijo la semana pasada el ya ex primer ministro de Rumanía, Mihai Tudose (dimitió anoche, tras perder la confianza de su partido por otros motivos), en respuesta a la última petición de autogobierno de esta comunidad, asentada en una parte de Transilvania conocida como Tinutul Secuiesc (literalmente, la tierra de los szeklers) y admiradora de Carles Puigdemont.

Las traducciones del rumano varían (¿dijo levantar, alzar, volar?) pero en Hungría no hubo dudas sobre el mensaje de Tudose. “Prácticamente ha amenazado a una minoría nacional y sus representantes con ser ejecutados”, denunció el viernes el ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Peter Szijjarto. “Es inaceptable e indigno de Europa, los valores europeos y el siglo XXI”, añadió, antes de llamar a consultas al embajador rumano. La Comisión Europea dijo ayer no querer “meterse en la conversación”.

Los aspavientos y el escándalo del Gobierno de Viktor Orbán podrían hacer olvidar algunas de sus decisiones hacia los tres millones de ciudadanos húngaros (y descendientes) que acabaron desperdigados por países vecinos en virtud del tratado de Trianon (1920), una “tragedia nacional” no superada por la que el país perdió dos tercios de su territorio y pasó de veinte a siete millones de habitantes. En el 2012 aprobó una ley que reconoce la doble ciudadanía a los miembros de la etnia húngara en el extranjero y su derecho a votar en las elecciones de su vieja patria. La decisión enfureció a Rumanía, donde la minoría húngara suma 1,2 millones de personas y Eslovaquia (500.000).

Los comentarios de Tudose se produjeron después de que los tres principales partidos políticos de la minoría szekler firmaran una resolución conjunta que reclama mayores poderes legislativos y ejecutivos, demandas que Bucarest considera inaceptables e incompatibles con la Constitución. Días después, unos activistas cubrieron con una bandera szekler la placa de la embajada de Rumanía en Budapest, de ahí el aviso sobre las insignias, que llegó acompañado de despectivos comentarios sobre las aspiraciones de esta comunidad. “Mientras se limiten a cantar en su patio, vale, pero desde el punto de vista legal las cosas están muy claras”, advirtió.

Un par de días después del comentario, un diputado del partido húngaro de ultraderecha Jobbik se fotografió con la bandera szekler y una soga al cuello delante de la embajada de Rumanía para denunciar el “oscuro y primitivo patriotismo” de Bucarest, que estaría así calentando motores para celebrar el centenario de la anexión de Transilvania. El protagonista de la denuncia era István Szávay, vicepresidente de la formación fascista y defensor a ultranza de la Gran Hungría, que en el pasado ha hecho campaña en Transilvania. Ahora tiene vetada la entrada en Rumanía y en Ucrania, donde viven unas 150.000 personas de etnia húngara a las que Kíev quiere retirar el derecho a ser educados en su lengua materna.

El ingreso en la Unión debería haber calmado las tensiones étnicas en Europa central pero catorce años después de su gran ampliación siguen a flor de piel. El Consejo Nacional Szekler –una comunidad rural, muy apegada a las tradiciones, que se considera guardiana de las esencias húngaras– se fundó hace 15 años para tratar de arañar algún tipo de autonomía al Estado unitario rumano, como la que obtuvo al principio del comunismo y que el dictador Nicolae Ceaucescu arrasó. Por ahora, sólo ha logrado avances en el terreno cultural y educativo.

Su activismo ha aumentado en los últimos años para atraer la atención de la comunidad internacional. En noviembre, publicaron una carta de apoyo a Puigdemont ( Dear mr. president!): “La firmeza del pueblo catalán nos anima a los szeklers en nuestra lucha pacífica y democrática para reformar la Constitución rumana”, decía. La pulsión nacionalista se ha desatado también entre los defensores de la Gran Rumanía: el expresidente Traian Basescu propuso ayer crear un Ministerio para la Reunificación del país que anule los efectos del pacto de Ribbentrop-Molotov y le permita incorporar a Moldavia, donde el plan goza de menos popularidad.