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Feroe, ¿autodeterminación sin conflicto?

A pesar de que atrae cada vez más turismo, las islas Feroe son una región desconocida en el panorama europeo. Cometeríamos un error ofensivo para ellos si dijéramos que estamos “en Dinamarca”, a pesar de que pertenecen al país como nación autónoma con un gran nivel de autogobierno. ¿Cuál es el origen de esta relación entre las islas Feroe y Dinamarca? Y, más importante todavía, ¿qué motivos tienen para la consulta del 25 de abril, fecha en la que decidirán si tener una Constitución propia? ¿Significa esto un camino hacia la independencia?

Uno podría pensar que la actual época de relativa paz y calma geopolítica en Europa ha existido desde siempre, pero nada más lejos de la realidad. Antes y durante las guerras mundiales, el panorama geopolítico europeo —y, en general, del mundo entero— cambiaba a cada pestañeo, con alianzas de poca duración, invasiones, conquistas de países a través de matrimonios concertados y Coronas que unían sus fuerzas para convertirse en un actor con más presencia en el panorama internacional.

Una idea más cercana a la realidad es que esta situación daba lugar a actores con posiciones más ventajosas que otros. El norte de Europa es conocido por las buenas relaciones que existen entre ellos, ese lazo casi de hermandad que les une. No obstante, no podemos olvidar que algunos de los países del norte de Europa —como Noruega y, aunque con una historia bastante distinta, Finlandia— son relativamente jóvenes en cuanto a independencia se refiere, y que antes solo eran un territorio del que se extraían recursos para el bienestar y la riqueza de aquellos que lo controlaban. La mezcla de idiomas, de sociedades y de culturas ha producido, a lo largo del tiempo, que las poblaciones del norte de Europa se encuentren intrínsecamente relacionadas y que no se pueda entender una sin comprender la totalidad.

Sin embargo, todavía quedan vestigios de aquellos tiempos de dominio y conquistas. Las islas Feroe, ahora una región autónoma de Dinamarca, pertenecieron primero a Noruega y, después, a la alianza conjunta entre Noruega, Dinamarca y Suecia. Su Historia, la cual parece no haber terminado, pasa en la actualidad por un nuevo referendo de autodeterminación.

Entre Dinamarca y el mundo

 Las islas Feroe conforman un archipiélago en el Atlántico Norte, entre Escocia, Noruega e Islandia. Con alrededor de 50.000 habitantes, están consideradas una región autónoma dentro del Reino de Dinamarca y, curiosamente, no pertenecen a la Unión Europea. A pesar de un clima bastante frío y unos recursos naturales relativamente escasos, las islas Feroe tienen un índice de desarrollo elevado.

Desde 1948, las islas Feroe cuentan con un primer ministro y un Parlamento propios —el Løgting— y dos representantes en el Parlamento danés. El nivel de autonomía que tienen con respecto al resto de Dinamarca es bastante alto, con una identidad nacional muy marcada y una lengua y religión propias; se autogobiernan en todos los aspectos, exceptuando la defensa, las relaciones internacionales, la moneda y el sistema legal. Para llegar a este punto, sin embargo, han tenido que pasar por las manos de varios países primero.

Ubicación de las islas. Fuente: Wikicommons

Aunque no se conoce con certeza quiénes fueron los primeros habitantes de las islas Feroe, se cree que durante el siglo VI algunos monjes de una misión escocesa se establecieron allí y pusieron nombre a algunas islas, como Isla Oveja o Isla Paraíso de las Aves. La Saga Færeyinga —‘saga de los feroeses’, pasajes nórdicos que normalmente cuentan acontecimientos importantes— establece que los primeros habitantes de la isla llegaron desde Noruega, cuando pretendían huir de la tiranía del rey Harald I, a finales del siglo IX. Según la saga, el primer colono que llegó a las islas, en el año 825, se llamaba Grímur Kamban, aunque no parece haber un acuerdo común sobre esto: el año de llegada no se corresponde con el reinado de Harald I y su apellido sugiere que su origen podría haber sido celta. Otras teorías apuntan a que los colonos nórdicos llegaron antes, hacia el año 650, y trajeron consigo el idioma nórdico antiguo que desembocaría en el feroés actual. Fuera cual fuera el origen de estos primeros colonos y la fecha en la que llegaron, la pequeña comunidad vikinga se crearía a partir del siglo X con varias remesas de colonos de origen dudoso —noruego, irlandés, celta— y juntos crearían un Parlamento para gestionar los asuntos políticos. Desde entonces, se dedicaron a la exportación de pescados y lana de ovejas con otras costas nórdicas cercanas.

A comienzos del siglo XI, el rey Olaf I de Noruega comenzó el intento de cristianizar las islas Feroe a través de Sigmundur Brestisson, quien había pertenecido a un clan de las islas del sur y había huido a Noruega tras haber sido derrotado por los clanes de las islas del norte. Brestisson fue la primera persona convertida oficialmente a la fe cristiana de las islas Feroe, aunque no lo tuvo tan fácil para convertir al resto de los habitantes de las islas. Tras varios intentos —armados y no armados—, Sigmundur fue finalmente asesinado en 1005, y el lugar donde está su tumba es en la actualidad uno de los rincones más visitados de las islas.

No fue hasta el reinado de Olaf II de Noruega cuando las islas fueron finalmente sometidas al dominio noruego, religión cristiana incluida. A partir de 1035, las islas Feroe pertenecieron a un feudo privado noruego, lo que puso fin a la era vikinga de las islas. No obstante, la lejanía de este feudo —una historia que se ha repetido en el tiempo hasta la actualidad— permitió a las islas conservar la mayor parte de su autonomía. A pesar de esto, las circunstancias —la peste negra, las regulaciones comerciales o el clima, cada vez más severo— hicieron que las islas dependieran progresivamente de su metrópoli, el feudo noruego. En 1397 las islas pasarían a formar parte del reino conjunto entre Noruega, Suecia y Dinamarca, la Unión de Kalmar, y, cuando esta unión fracasó en 1523 por la salida de Suecia, Noruega —y, con ella, todos sus territorios— permanecería bajo el control danés hasta 1814 con el Tratado de Kiel, con el que Noruega pasaría a ser dominio sueco, pero no así los territorios que controlaba; así, Groenlandia, Islandia y las islas Feroe quedarían bajo la administración danesa.

En 1817, tras haber creado un monopolio sobre el comercio insular y haber obligado a su población a convertirse al luteranismo, el rey danés transformó las islas Feroe en un condado en los mismos términos que cualquier territorio continental e impuso el danés como idioma oficial. La autonomía y autogobierno de las islas quedaron, de esta manera, suspendidos hasta 1850, cuando la población de las islas Feroe pudo mandar a dos representantes al Parlamento danés. En 1852 instauraron su propio Parlamento, aunque de momento solamente serviría como un organismo asesor y, en ningún caso, como un símbolo del autogobierno de las islas. Cuatro años después se abolió el monopolio sobre el comercio con las islas, lo que trajo a la zona una época de bonanza y recuperación económica.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido invadió las islas Feroe para evitar que fueran ocupadas por los nazis, que ya se habían instalado en Dinamarca. Este período histórico en las islas vino con un desarrollo político que permitieron los británicos al darle poder legislativo al Parlamento, hasta entonces solamente un órgano consultivo. Tras acabar la guerra, las islas fueron devueltas a Dinamarca; sin embargo, los primeros síntomas de sentimiento nacionalista ya habían aparecido en la región, donde se votó un referendo para la independencia de la zona, con resultados positivos. El Gobierno central de Dinamarca rechazó estos resultados, disolvió el Gobierno feroés y convocó nuevas elecciones. Los nuevos resultados concedieron la mayoría en el Løgting a los partidos políticos contrarios a la independencia, que llegaron al acuerdo con el Gobierno danés de mantener el estatus de autogobierno local, situación en la que se han mantenido hasta la actualidad.

El autogobierno está bien, pero mejor con Constitución

Que los feroeses hayan llegado a la actualidad en una relación de autogobierno dependiente de Dinamarca —la mancomunidad formada por Dinamarca, Groenlandia y las islas Feroe se llama Rigsfællesskabet, ‘la unidad del reino’— no quiere decir que los isleños estén contentos con la situación. Con un marcado sentimiento nacionalista, los feroeses pueden sentirse ofendidos si un turista da a entender que considera estar en Dinamarca. Los ciudadanos de ambos lados —Feroe y Dinamarca— están cargados de estereotipos hacia el otro y su relación no es demasiado fluida. Los daneses tienen la sensación de que los feroeses están atrapados en un tiempo anterior —aunque consideran la región, con peculiaridades culturales, parte de su territorio—, mientras que para estos últimos los daneses son un extranjero en los mismos términos que podría serlo un español o un británico. A pesar de que todo el mundo habla danés, se estudia en las escuelas como idioma extranjero, aunque sea idioma oficial de las islas junto con el feroés, una lengua con muchas similitudes con el noruego y el danés que, con el paso de los años, se ha ido diferenciando.

Aunque desde 1948, gracias a la ley sobre autogobierno interno, las islas disfrutan de una amplia autonomía, existen importantes grupos que buscan la independencia total de Dinamarca. Ha sido esta misma ley de autonomía la que les ha permitido no seguir a Dinamarca en su entrada en la Unión Europea y poseer una embajada en Londres —bajo las directrices de Dinamarca—, por ejemplo. En 2005 obtuvo el reconocimiento de nación propia y en ese momento obtuvo la potestad de controlar sus relaciones internacionales y política de seguridad, aunque de momento las islas no cuentan con un Ejército propio y la defensa de la zona está bajo el control de Dinamarca.

Bandera de las islas Feroe y su significado: el fondo blanco simboliza el mar y el cielo puro, el azul y el rojo representan sus lazos con los países nórdicos y la cruz, el cristianismo. Fuente: Reddit

Con esta sensación de descontento y la percepción de estar bajo el yugo de un país que los controla, el 25 de abril de 2018 los feroeses votarán en un referendo la manera en la que quieren relacionarse con Dinamarca en un futuro: la creación de una Constitución propiamente feroesa. La consulta, anunciada en 2017 por el primer ministro feroés, se ve como el primer paso para un cambio en la relación entre Dinamarca y Feroe y, en un futuro, como la primera piedra de una próxima independencia de las islas. Esta consulta, sin embargo, abre las disputas sobre la relación; aunque los feroeses comparten un sentimiento nacional profundo, su postura frente a su relación con Dinamarca está muy igualada en ambos bandos y existen pocos datos que puedan predecir lo que ocurrirá en la votación. Para el primer ministro feroés, una nueva Constitución propia les ayudará a definir su identidad como pueblo y como nación y forzará a Dinamarca a consultar de manera oficial cualquier tipo de decisión que pueda tener efectos en la región. El Gobierno danés ha recibido esta medida con respeto y ha afirmado que, aunque considera que las islas Feroe son más fuertes en conjunto con Dinamarca y Groenlandia, les reconoce el derecho a votar sobre una cuestión tan importante.

El principal motivo de esta consulta es que no se sienten parte de Dinamarca ni creen que tengan valores en común con la sociedad danesa. Pero, cuando el primer ministro feroés menciona que con una Constitución propia tendrán el derecho a ser consultados en los asuntos importantes del país, a lo que se refiere realmente es a la relación con la Unión Europea. Si bien las islas Feroe no forman parte de ella, sí cuentan con acuerdos de libre intercambio en materias como la pesca, el comercio o la investigación. Desde 2006, además, poseen un acuerdo de mercado común con la Unión Europea, que permite la libre circulación de bienes y servicios entre las dos partes. Sin embargo, merece la pena centrarnos en el asunto de la pesca, dado que supone prácticamente la principal fuente de ingresos de las islas —junto con el turismo— y ha sido motivo de disputa en los últimos años.

Dependencia de la industria pesquera en las regiones de la Unión Europea o que mantienen acuerdos comerciales con ella. En rojo, las que más dependen de la pesca. Fuente: Comisión Europea

Los feroeses sienten que los acuerdos firmados con la Unión Europea en lo referente a la pesca y las cuotas son asimétricos y no les benefician. En 2014 la Unión Europea logró resolver un conflicto con la zona que se había originado por la sobrepesca del arenque y que había desembocado en restricciones y sanciones comerciales —la prohibición de la venta del arenque y la caballa en territorio europeo— por parte de la Unión a las islas debido a que, a su parecer, la sostenibilidad de la especie se encontraba en peligro. El conflicto, observado como una injusticia por parte de los feroeses, se llevó al arbitraje de Naciones Unidas bajo la asunción de que las imposiciones contradecían en principio de la resolución de conflictos por medios pacíficos y terminó con las islas Feroe volviendo a su cuota de pesca y la Unión Europea levantando las sanciones.

El pescado, tan importante en la economía de los feroeses, tiene por tanto un papel muy importante en esta votación y en el futuro de las islas. Muchos dicen que este es el mejor momento para comenzar un proceso que terminaría con el divorcio de las islas Feroe y Dinamarca: la industria pesquera feroesa ha encontrado un mercado muy interesado en América, China y Rusia. Las ayudas desde el Gobierno central de Dinamarca son cada vez más bajas —porque no las necesitan—, el porcentaje de desempleo es bajo y la zona atrae cada año más turismo. Una Constitución propia sería el paso para la independencia de la región, pero, sobre todo, les daría el poder de configurar de una manera más concreta su relación con Europa y la Unión Europea.

Todo vuelve a la Unión Europea

Resulta cuando menos interesante que los deseos de autodeterminación de una región europea estén profundamente influenciados por su insistencia en controlar por sí misma la relación que mantiene con la Unión Europea. Al final, en mayor o menor medida, todo tiene que ver con el espacio comunitario, lo que da muestras de la influencia que tiene la Unión en el continente y demuestra cómo se han visto afectadas las políticas internas de cada país y región por la existencia y el desarrollo de esta especie de supra-Estado.

¿Son las islas Feroe uno de los últimos ejemplos del colonialismo en Europa? Esto, desde luego, está abierto a la interpretación de quien lo lea. Sin embargo, la consulta del 25 de abril demuestra que las relaciones de los países deben modernizarse y responder a las nuevas necesidades que planteen las coyunturas a las que se enfrentan. Reconocer el derecho a votar sobre un asunto que cambiaría profundamente la relación entre los feroeses y los daneses supone, al final, una muestra de respeto.

https://elordenmundial.com/2018/04/24/islas-feroe-a-las-afueras-de-dinamarca/