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el Consejo de RTVE es una sopa en la que todos los partidos quieren mojar pan

El presidente de TVE, José Antonio Sánchez, con Mariano Rajoy y el director de informativos, José Antonio Álvarez Gundín / FOTO: @marianorajoyLa discusión sobre la politización de RTVE, joya de la corona del ecosistema comunicativo en España, parecía cerrada en 2006 cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero modificaba la ley del ente público y aprobaba una nueva norma que dificultaba el control gubernamental sobre la radiotelevisión pública, persiguiendo un modelo de independencia informativa de inspiración británica. Doce años y dos reformas después, la renovación provisional del Consejo de Administración de RTVE se ha convertido en un elocuente mapa que delimita los contornos del poder de un Gobierno apoyado por solo 84 diputados, prefigura el reparto de papeles con su socio prioritario, Unidos Podemos, y esboza las dificultades que habrá de enfrentar el presidente Pedro Sánchez en los próximos meses. Y de paso, desnuda el nuevo marco comunicativo en la Villa y Corte, lleno de nuevos actores, mientras pone a prueba el temple de una nueva generación de políticos y de periodistas.

José Antonio Álvarez Gundín y José Antonio Sánchez llegaron en 2014. (EFE)Diez instantáneas ayudan a entender el galimatías de lo que parece un voraz intento por apropiarse de la tele pública y que es poco más que una solución provisional a la espera de que el veto y el bloqueo dejen de ser las armas políticas de los enfadados.

1. Volver a 2006

Una de las primeras medidas de Mariano Rajoy en la primavera de 2012, cuando apenas llevaba cien días en el Gobierno, fue modificar la ley de José Luis Rodríguez Zapatero para que el Congreso pudiera elegir al presidente de RTVE por mayoría simple. La ley en vigor entonces exigía que fueran dos tercios de la Cámara los que aprobaran el nombramiento, obligando al Gobierno a buscar consensos. También redujo de 12 a 9 el número de consejeros y eliminó los puestos que correspondían a los sindicatos de la radiotelevisión pública, dándolos por extinguidos al estar vacantes por sucesivas dimisiones. En septiembre de 2017, el Congreso de los Diputados, con la abstención del PP, aprobaba una nueva ley que volvía a la exigencia de mayoría de dos tercios, aumentaba a 10 el número de consejeros y establecía que los consejeros y el presidente se elegirían mediante un concurso público. La idea de la nueva ley era regresar al espíritu del modelo de 2006 que en la práctica impedía que un solo grupo parlamentario, aun teniendo mayoría absoluta, pudiera controlar por su cuenta la televisión pública.

2. El parto del concurso y el bloqueo

Aprobada la ley en septiembre, a los grupos parlamentarios les tocaba pactar los términos del concurso público. El proceso, que se prolongó todo el invierno, vivió toda suerte de vicisitudes, quedó en el aire varias veces cuando ya había grupos descorchando el champán, pero en último término, logró cerrarse un borrador para el concurso con el apoyo de todos los grupos de la Cámara excepto el PP. Le negociación principal la desplegaron el PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos, pero contaron con el apoyo del PNV, ERC, PDECat, Compromís y el resto de formaciones minoritarias. Sin embargo, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, detuvo el proceso. En términos legales, apreció dudas jurídicas. En términos coloquiales y según fuentes de su entorno, decía que aquello era “un bodrio”. Y se negó a someterlo a votación del pleno en tanto no se despejaran las dudas jurídicas. El PSOE y Unidos Podemos pusieron el grito en el cielo.

Dado que el acuerdo dependía de las dos Cámaras y que el PP tiene mayoría absoluta en el Senado –por el peculiar reparto de votos de la Cámara Alta, con un 33% de los votos en las elecciones del 2016, el PP controla el 56% de los escaños–, el asunto quedó bloqueado a finales de abril.

3. Cambio de Gobierno, cambio de aliados

Dos semanas después de la caída de Mariano Rajoy, Ciudadanos abandonaba el pacto de RTVE con el resto de la oposición, y se aliaba con el PP para desbloquear la renovación del consejo de RTVE, cuyos cargos prescribían tres días después. Los de Albert Rivera firmaban un acuerdo con los populares para controlar siete de los 13 miembros del comité que debía evaluar el concurso público. Seis para el PP, uno para Ciudadanos. El PSOE y Unidos Podemos pusieron el grito en el cielo, otra vez. El martes 19 de junio, la presidenta zanjó el debate y forzó una votación que, con la mayoría en la mesa que suman PP y Ciudadanos, sacó adelante. Toda la calma y pausa que la mesa del Congreso había manifestado hasta entonces para montar el concurso se convirtió en prisa con el cambio de Gobierno.

4. El decreto Sánchez, la solución provisional

Tres días después, el mismo viernes en que prescribía el mandato del anterior presidente, José Antonio Sánchez, el primer consejo de ministros de Pedro Sánchez aprobaba un decreto para cesar al presidente y al resto de consejeros de RTVE. El decreto, de carácter provisional, fuerza al Congreso a nombrar un nuevo consejo de 10 miembros, incluido su presidente, que sólo ejercerán el cargo de forma interina, en tanto se desbloquea el reglamento del concurso. El decreto tiene dos pretensiones: cercenar el intento de PP y Ciudadanos de controlar la renovación de RTVE y evitar el vacío de poder en el conglomerado público sin tener que prolongar sine die al actual Consejo. Seis de los diez miembros del Consejo de RTVE debe elegirlos el Congreso y cuatro el Senado.

5. Malos buenos augurios para el decreto

El Gobierno y el PSOE dieron a entender el mismo día de la aprobación del concurso que contaban con apoyo suficiente para la convalidación del decreto en el Congreso. Para la primera votación (la que se celebra este lunes), se exigen dos tercios de los votos, pero para la segunda (48 horas después, o sea el miércoles), basta la mayoría absoluta, siempre que en ella estén incluidos la mitad de los grupos de la cámara, es decir, cuatro. Dicho de otro modo, el PSOE debe reeditar la mayoría absoluta que dio la presidencia a Sánchez en la moción de censura: PSOE, Unidos Podemos, PNV, ERC, PDECat y Compromís. Todos ellos manifestaron su posición “favorable” al decreto, aunque no comprometieron su voto afirmativo. Por otra parte, el PSOE desde el principio albergó la intención de convencer al PP de que se conformase con los cuatro asientos que con su mayoría en el Senado podía elegir, lo que lo convierte en el grupo más numeroso en el Consejo, aunque sin mayoría absoluta. Pero el PP ha anunciado un recurso de inconstitucionalidad contra el decreto provisional.

6. Nuevos perfiles (el casi acuerdo del miércoles)

El PSOE y Unidos Podemos iniciaron una negociación en la que pusieron sobre la mesa los nombres de periodistas que cada uno proponía para el Consejo, incluido el presidente. Sin muchas dificultades, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez llegaron al acuerdo de que al menos dos de los diez consejeros saldrían de los propuestos por Unidos Podemos (podrían ser tres si el PP rechazaba ocupar los cuatro puestos que le corresponden como representación del Senado), y uno de ellos sería el presidente provisional de RTVE. El miércoles 27 por la tarde, los negociadores se reunían en La Moncloa. Por el lado del Gobierno negociaban el jefe de gabinete, Iván Redondo, y el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, y por el lado de Podemos, la diputada Noelia Vera, que había llevado la negociación de la ley y el concurso de RTVE en el Congreso, y el secretario de Comunicación de la formación, Juanma del Olmo. Todo lo hablado requería ratificación final por parte del presidente Pedro Sánchez y del líder de Podemos, Pablo Iglesias. En esas conversaciones, el PSOE proponía como presidente de RTVE a un veterano, Arsenio Escolar, exdirector de 20 Minutos, mientras Podemos, que quería un perfil más joven y que el puesto lo ocupara una mujer, defendía la candidatura de la directora de Público, Ana Pardo de Vera. Al acabar el día, ambos nombres estaban en el aire, pero dado el acuerdo de que el presidente debería proceder de los candidatos propuestos por Podemos, los morados dieron por hecho que Pardo de Vera tendría la presidencia. Y se fueron a dormir.

7. Arsenio Escolar vs Ana Pardo de Vera

A la mañana siguiente, el diario El País anunciaba en su web el nombre de Arsenio Escolar como presidente in pectore de RTVE, un nombramiento al que solo faltaba que Podemos estampase su firma. La sorpresa y desagrado de los de Iglesias fue manifiesto, pero no se hicieron públicos. No era eso lo hablado. A mediodía, concluido el pleno del Congreso, se reunían otra vez. Esta vez, además de Vera, Del Olmo y Redondo, estaba la portavoz del grupo parlamentario socialista, Adriana Lastra. Sobre la mesa, los nombres de Escolar y Pardo de Vera, ambos, perfiles muy alejados de la tradición de colocar en la presidencia de RTVE a personalidades veteranas con un acusado carácter institucional o de gestión. Nuevos tiempos, nuevos modos: el ex director y cofundador de un gratuito y la directora de un medio digital. El encuentro concluía sin acuerdo y Arsenio Escolar y Ana Pardo de Vera, dejaban de ser “perfiles de consenso” y pasaban a ser “el candidato del PSOE” y “la candidata de Podemos”. Es decir, a efectos de opinión pública, se descartaban mutuamente.

8. Fumata blanca

Aunque no quedó cerrado el nombre del candidato, la reunión en el Congreso no acabó con portazo. Los socialistas pedían a Unidos Podemos más nombres para la lista de posibles candidatos de consenso, y los morados incorporaron el del redactor jefe de Política de Eld iario.es, Andrés Gil, ex subdirector del gratuito ADN. El mensaje del PSOE era tranquilizador para los de Pablo Iglesias: los socialistas respetarían que la presidencia de RTVE saliera de uno de los nombres propuestos por ellos. Casi a medianoche, concluidas las reuniones de la cumbre de Bruselas a la que asistía Pedro Sánchez, el presidente e Iglesias hablaban de nuevo y ratificaban el entendimiento en los términos en que habían pactado sus equipos de negociación. Acordaban anunciar el acuerdo al día siguiente, pero no el nombre. Alguien habló. A primera hora de la mañana, El confidencial anunciaba que el nombre de consenso al que habían llegado la medianoche anterior Sánchez e Iglesias era el de Andrés Gil. Iglesias, una hora después, durante una entrevista televisiva con Susanna Griso, confirmaba que el avance era cierto.

9. Enfados y despechos

A la vez que Pablo Iglesias desayunaba en Antena 3 y reafirmaba el nombre de Andrés Gil como candidato de consenso, tal cual lo pactado, el presidente del PNV, Andoni Ortúzar, hacía lo propio (desayunar en la tele) en La Primera de TVE. No le gustó enterarse sobre la marcha del asunto, y su conversación posterior con los trabajadores de RTVE, molestos con el aparente pasteleo entre PSOE y Podemos, le gustó menos aún. Pocas horas más tarde el PNV, que había anunciado su voto favorable al decreto días atrás, afirmaba que no lo apoyaría, aunque no cuestionaba el nombre o el perfil de Andrés Gil sino el modo en que habían operado las formaciones de izquierdas y el hecho de que ni consultaran ni informaran al resto. Poco dado al dramatismo, el grupo vasco, no obstante, emplazaba al Gobierno a seguir hablando hasta el lunes. Desde Bruselas, Pedro Sánchez trataba de poner paz: pedía “responsabilidad y generosidad” a los grupos y recordaba que hasta el lunes hay tiempo para hablar.

Muy poco después, la candidata descartada, Ana Pardo de Vera, narraba en un hilo de Twitter los entresijos de la oferta que recibió de Iglesias para incorporarse a la terna para la presidencia de RTVE, y cómo este le dio a entender que el acuerdo estaba casi hecho. Hasta que ya no. La directora de Público acusó a Iván Redondo –jefe de gabinete de Pedro Sánchez, y que lo fue también del presidente de Extremadura, José Antonio Monago, en la época en que Público dio a conocer sus polémicos viajes a Canarias– de vetarla para el puesto. Sin embargo, fuentes próximas a la negociación, de ambas formaciones, niegan que el caso Monago tuviera algún papel en las conversaciones en torno a los distintos perfiles. Ni se mencionó, juran. Y añaden que a Redondo, la sola insinuación de que el caso Monago hubiera pesado lo había disgustado sobremanera. No era el único enfadado con la falta de discreción de Pardo de Vera. El hilo de Twitter en el que Pardo se proclamaba víctima de una añagaza política tampoco hizo feliz a nadie en la dirección de Podemos. Por decirlo cortésmente.

A la vez, la profesión periodística protagonizaba una suerte de juicio sumarísimo a los sucesivos nombres de candidatos a través de las redes sociales. Se juzgó a los citados más otros tantos posibles aspirantes a un puesto en el Consejo, de Fran Llorente a Rosa María Artal, pasando por media docena más. Quien más quien menos opinaba sobre la falta de experiencia audiovisual de unos, el tamaño de los currículos (los propios de su edad respectiva) de otros o sobre las ideas políticas de todos ellos. El Consejo de RTVE es una sopa en la que todos quieren mojar pan. Aunque solo sea para opinar de su sabor. Algo de choque generacional hubo también: El escalafón, ah, el escalafón, cómo se atreven.

10. ¡Es Catalunya, estúpido!

El viernes parecía afianzarse la sensación de que el decreto no iba a contar con apoyo suficiente en el Congreso. El PNV se había bajado del carro, al menos de momento. Y entonces alguien repasó la suma y echó en falta otros votos: los de ERC. Desde que el martes el PSOE tumbó en el Congreso una escuetísima moción de Esquerra que instaba al Gobierno a emprender un diálogo con Catalunya “sin condiciones ni renuncias”, Joan Tardà ha insistido en que esa actitud del PSOE afectará a la legislatura. El sábado, el PSOE pedía a Podemos que propusiera nuevos nombres, dando a entender que la figura de Andrés Gil era el motivo del rechazo del PNV o ERC. Entre tanto, Pablo Iglesias y su equipo se afanaban en recabar apoyos y reconstruir la mayoría para aprobar el decreto. Sin éxito, en el caso de los republicanos. “Nadie nos ha llamado para hablar de RTVE”, repite un día tras otro Tardà, portavoz de los republicanos. Ese “nadie” se refiere al Gobierno y el PSOE. Porque Podemos y los comunes lo hicieron con intensidad y entusiasmo de joven pretendiente. La respuesta de Tardà, tanto a los morados como a la prensa es la misma: necesitamos un gesto del Gobierno respecto a Catalunya. En el debate entre unilateralismo y posibilismo, la dirección de ERC apuesta por el sosiego y el diálogo. Tardà, como Oriol Junqueras en su última carta desde prisión, son partidarios de desinflamar, pero no son pocos los que entre los republicanos siguen defendiendo la aplicación lineal del “mandato del 1-O”. Y este domingo ERC celebra una importante conferencia nacional para dilucidar si hacemos república o somos república.

Que el PSOE arrastre los pies para aprobar una moción tan escueta, tan irrelevante, en el fondo, como lo son todas las que “instan al Gobierno” a hacer cosas, complica la vida a la dirección de ERC. Pero el PSOE no llama. El mismo sábado, desde Podemos manifestaban su indignación con los socialistas por señalar a Andrés Gil como un problema pidiendo un nuevo nombre “de alguien de dentro de la casa”, y más aún por la negativa de la portavoz Adriana Lastra a llamar a ERC. La sustitución de Gil que propone el PSOE es una cortina de humo, creen en Podemos, para no asumir la centralidad que para toda la legislatura y para los acuerdos en la Cámara tiene una resolución valiente satisfactoria de la cuestión catalana. Están enfadados también por ser ellos los que están moviendo Roma con Santiago para sacar adelante el decreto de Sánchez, como ocurrió con la moción de censura, para la que los socialistas no hicieron mucho más que reunirse una hora con el PDECat en el Congreso, mientras Pablo Iglesias agotaba la batería de su móvil hablando con Carles Puigdemont, Marta Pascal, Andoni Ortúzar y hasta Albert Rivera.

Que Catalunya sea un obstáculo para el ansiado acuerdo de RTVE enoja a Iglesias, sobre todo por los esfuerzos que ha dedicado las últimas semanas a restituir los puentes entre La Moncloa y la Generalitat con sus visitas al president Quim Torra y al presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, en la cárcel de Soto del Real.

La coreografía incompleta de este decreto es una miniatura de lo venidero. Está mostrando a todos los actores políticos y periodísticos del país la medida de sus poderes reales en estos nuevos y revueltos tiempos. Los huesos siempre crujen cuando se recolocan. Y a los nuevos jerarcas, les ha proporcionado un ensayo para sus mañas y un tutorial del funcionamiento del Estado.

Pero también es un indicador elocuente de en qué medida los socialistas van a necesitar abordar con algo más que buenas intenciones el asunto catalán y de hasta qué punto los sectores más sosegados de PDECat y ERC requieren de ese arrojo del Gobierno de Pedro Sánchez para reconducir la situación catalana de la épica de las proclamaciones, la rebeldía y el exilio al tedio de la negociación, el pacto y la renuncia.

Y como es costumbre, volvemos enseguida.

, Madrid

01/07/2018 lavanguardia