China recupera los campos de (re)educación (nacional) masiva

Policiers chinois à Urumqi capitale Xinjiang 29 juin 2013Durante meses, las autoridades chinas negaron la mayor. “La afirmación de que un millón de uigures están detenidos en campos de reeducación es completamente falsa”, llegó a afirmar en agosto el oficial del Partido Comunista, Hu Lianhe, en un panel de la ONU. Los informes de las oenegés, medios de comunicación y académicos decían todo lo contrario, y el tiempo parece haberles dado la razón.

Ayer se hizo público que las autoridades de la región de Xinjiang, donde viven alrededor de 12 millones de uigures (la etnia minoritaria de religión musulmana oriunda de esta región noroccidental), reformaron su legislación para pedir a los gobiernos locales que hagan frente al terrorismo estableciendo “centros de educación vocacional” en los que llevar a cabo “la transformación educativa de las personas que han sido influenciadas por el extremismo”. Para los analistas, una modificación que pone sobre el papel lo que de facto ya está sucediendo.

Entre los comportamientos que pueden llevar a la detención de una persona, la nueva legislación cita forzar a otros a participar en actividades religiosas, negarse a ver o escuchar los medios estatales o impedir que los niños reciban educación estatal. Mientras, a los que sean internados en esta red de centros, se les enseñará chino mandarín, así como conceptos legales, capacitación vocacional y “educación del pensamiento”.

Resultat d'imatges de uigur mapLas asociaciones de derechos humanos criticaron este movimiento. “Sin el proceso debido, los centros de educación política de Xinjiang siguen siendo arbitrarios y abusivos, y ningún cambio en las normas nacionales o regionales puede modificar eso”, comentó Maya Wong, investigadora de China de Human Rights Watch (HRW). Más dura se mostró la directora para China de esa organización, Sophie Richardson, para quien “las palabras en papel que describen abusos grotescos y vastos contra los derechos humanos no merecen el calificativo de ley”.

La nueva cláusula se incluye en una normativa que entró en vigor en marzo del 2017 con el objetivo de “frenar el extremismo religioso”, para lo que prohibía prácticas como llevar un velo que cubra todo el rostro o una barba “anormalmente” larga. China siempre ha defendido que el país garantiza la libertad religiosa. Sin embargo, bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, el Gobierno emprendió hace años en esta conflictiva región una campaña de detenciones arbitrarias y adoctrinamiento acompañada de programas de vigilancia masivos basados en las más modernas tecnologías. Se estima que, desde entonces, hasta un millón de uigures y otras minorías han pasado por centros de reeducación, donde permanecen retenidos sin estar acusados formalmente de ningún delito, aislados de familiares o abogados y donde sufren “lavados de cerebro” e incluso torturas, según Amnistía Internacional.

El anuncio vio la luz al tiempo que los líderes del PPCh en Urumqi, la capital regional, se embarcan en una campaña contra la “propagación del halal”, ya que consideran que la oferta cada vez mayor de este tipo de productos –desde alimentos a dentífricos– fomenta el extremismo religioso. “Esta tendencia desdibuja el límite entre la religión y la vida secular. Así es fácil caer en el fango del extremismo”, defendió el diario estatal Global Times.

ismael arana, Hong Kong. Servicio especial

11/10/2018 - lavanguardia