crece la discrepancia en las filas gubernamentales cubanas

El estado de salud del disidente Guillermo Fariñas, en huelga de hambre y sed desde el 24 de febrero, ha empeorado a causa de una "infección aguda", según fuentes de la familia. Se trata de un "estafilococo áureo" contraído a través del catéter por el que recibía suero. Los médicos del hospital de Santa Clara donde está internado lo tratan con antibióticos.


Guillermo Fariñas   

Una corriente crítica está abriéndose paso y haciéndose cada vez más audible dentro del socialismo cubano. Destacados militantes del Partido Comunista, ex dirigentes del aparato de gobierno, académicos y artistas han decidido salirse del carril para denunciar el "inmovilismo neoestalinista" de la burocracia dominante y reclamar cambios urgentes y sustanciales en la gestión económica del país y en materia de derechos y libertades, incluidas las de información y expresión.

El cantautor Silvio Rodríguez lo resumió al presentar el pasado viernes su último disco, Segunda cita, ante unas doscientas personas que lo aplaudieron a rabiar: "La revolución y la vida del país están pidiendo a gritos una revisión en montones de cosas, desde conceptos hasta instituciones". El fundador de la nueva trova atacó a la prensa oficial y defendió "que se amplíe el acceso a decir, comentar, criticar y discutir" en Cuba: una frase que el Granma hurtó a sus lectores en su crónica del día siguiente, donde tampoco apareció la siguiente opinión del músico: "El hecho de que nuestras alas se hayan vuelto herrajes no debe atribuirse sólo a Estados Unidos y al bloqueo, sino también a nosotros mismos". Los medios nacionales prefirieron destacar otra afirmación del célebre trovador: "Sigo teniendo muchas más razones para creer en la revolución que en sus detractores".

Las declaraciones de Silvio Rodríguez coincidían en su sentido general con las expresadas días atrás por el ex diplomático e historiador comunista Pedro Campos, ahora coordinador de un boletín en defensa del "socialismo participativo y democrático". El veterano militante del PCC consideró "urgente" introducir cambios en el sistema político y judicial cubano, "donde juez y parte son la misma cosa" y asuntos tan dispares como la economía y la administración penitenciaria están "en manos de aparatos militarizados". Campos reclamó "una prensa libre socialista que exprese la diversidad ideológica" y conceda espacio a la discrepancia. El objetivo debe ser, dijo, "avanzar hacia una nueva sociedad socialista que supere las reminiscencias del dogmático y fracasado esquema de corte neoestalinista".

En otro artículo, el académico Aurelio Alonso, miembro del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de Cuba, llamó a "reinventar y democratizar el socialismo", abandonar el "modelo autocrático" y afrontar una completa "cirugía" en el sistema económico del país, hoy "cargado de malformaciones".

La crítica interna no se limita a un sector más o menos elitista de los intelectuales y creadores cubanos. El clamor en favor de reformas de fondo y el cansancio ante el oficialismo más recalcitrante se reflejan también en una crisis de afiliaciones al PCC y la Juventud Comunista que inquieta a los altos mandos: el aumento de las renuncias al carnet y de las negativas a darse de alta en ambas organizaciones, así como la apatía observada entre sus miembros más jóvenes, está detrás del reciente relevo del ministro de Educación Superior y el rector de la Universidad de La Habana, confirmaron fuentes del partido.

La proliferación de voces discordantes y deserciones en la militancia adquiere un especial interés al coincidir con el aluvión de condenas externas a raíz de la muerte del recluso Orlando Zapata tras 86 días de huelga de hambre y con la movilización de las Damas de Blanco -familiares de los 75 cubanos encarcelados en el 2003- para exigir la liberación de todos los presos políticos.

Los socialistas cubanos que discrepan de la línea oficial no dejan de reafirmar su lealtad a los principios de la revolución y su rechazo a los disidentes como "amigos del enemigo". Pero, lejos de limitarse a cerrar filas, demandan cambios y debate. El cerco a la ortodoxia se va estrechando.

29-III-10, F. García, lavanguardia