los buenos resultados de salir de la crisis a la islandesa
- Islandia, (¿la?) otra manera de afrontar la crisis
La forma en que los islandeses han combatido la crisis financiera y económica se ha convertido en un modelo que Europa y el resto del mundo mira con interés y estupor al mismo tiempo. Cuando en el año 2008 los tres principales bancos islandeses provocaron una crisis que dejó al país en caída libre con unos activos que multiplicaban por once el PIB, una ola de pánico recorrió el espinazo de la isla. El gobierno, en lugar de inyectar recursos financieros, dejó que los bancos suspendieran pagos. La corona islandesa se contrajo casi el 60%, la inflación se disparó al 19% y la economía cayó siete puntos. Algunos expertos hablan del mayor colapso de un país si se compara con el tamaño de su economía. Islandia tiene unos 320.000 habitantes.
El gobierno de Geir Haarde, presionado por la revolución de las cazuelas, una continuada protesta popular que le recriminaba su gestión de la crisis, dimitió en bloque, y en el 2009 se celebraron elecciones que ganó una coalición de la izquierda y ecologistas. La investigación penal detectó un alto grado de corrupción en la que una buena parte de los créditos de la banca se concedían a sociedades de cartera conectadas con los propios bancos. El nuevo Gobierno reformó la Constitución, nacionalizó la banca, negoció una quita de un 70% con los acreedores, en su mayoría extranjeros (alemanes y holandeses), encarceló a los banqueros y, mediante un referéndum, impidió someter al país al dictado del Fondo Monetario Internacional para que los contribuyentes pagaran la deuda bancaria durante los próximos 15 años. Y, finalmente, se mandó a los tribunales al dimitido primer ministro. Con un programa de ajustes draconiano y una notable subida de impuestos, el país ha recuperado el crédito de los mercados internacionales y, lo que es más importante, la confianza en sí mismo. Tres años después del colapso financiero, vuelve a crecer el 1,3% tras siete trimestres de recesión e incluso prevé crecer el 3% este año.
Islandia ha salvado un Estado de bienestar considerado modélico en los servicios de sanidad y de educación y ha reducido la inflación al 1,4% Es más, en el 2011, Islandia solicitó su integración en la Unión Europea como signo de superación de una crisis causada por el hecho de que unos banqueros corruptos y un gobierno incapaz habían puesto el país en bancarrota.
Evidentemente, el modelo islandés de salida de la crisis tiene unos factores que lo distinguen del resto. Pero conviene tenerlo en cuenta.
27-II-12, lavanguardia
Su economía se expandió un 2,9% el año pasado y se espera que crezca un 2,4% en el 2012, muy por encima del escaso 0,2% con que lo hará la zona euro. Paralelamente, también ha empezado a decrecer su tasa de paro, que en los años de la tormenta financiera se multiplicó por diez.
La resurrección islandesa contrasta, por lo tanto, con el cada vez mayor hundimiento de Grecia y plantea la pregunta sobre si su receta podría aplicarse en otros países. En su comunicado, de hecho, Fitch alaba el "éxito" de la "poco ortodoxa política" seguida por la isla. En lugar de rescatar a sus bancos, Islandia los dejó caer. El Gobierno nacionalizó la banca y cubrió las cuentas de sus ciudadanos, desentendiéndose, en cambio, de los acreedores extranjeros. Lo cierto es que el sector bancario había crecido desmesuradamente, hasta superar diez veces el PIB, por lo que el Estado simplemente "no tenía fondos para rescatarlo", precisa Thorolfur Matthiasson, profesor de Economía de la Universidad de Islandia, que destaca que "el camino de la bancarrota se tomó por necesidad, no por virtud".
Sea como sea, varias de las soluciones adoptadas tendieron a poner los intereses de la población por delante de los mercados. Esto no quiere decir, sin embargo, que Islandia no aprobara medidas de austeridad. Sí lo hizo, como parte del plan de rescate que recibió del FMI, que también incluyó la reconstrucción del sistema bancario nacional a partir de las cenizas de las entidades fallidas y la introducción de controles de capital. Como resultado, el país ha conseguido reequilibrar sus cuentas públicas, volviéndose a ganar la confianza de los actores económicos internacionales.
Otro capítulo importante en la resolución de la crisis fue la movilización ciudadana. Aunque la culpa de la debacle la tuvieran los banqueros, gran parte de la población también aportó su granito de arena, al endeudarse por encima de sus posibilidades. Enfadados y también escarmentados, los islandeses salieron a la calle y sus protestas no pararon hasta la dimisión del Gobierno. Más adelante, la presión popular logró llevar a juicio al propio primer ministro y a los dirigentes de los principales bancos.
Este mismo espíritu llevó a cancelar la deuda superior al 110% del valor de la vivienda, lo que relajó el nivel de endeudamiento de los hogares. A menos deuda, mayor capacidad de consumo: he aquí otra de las razones que explicarían la recuperación. Otro motivo está en la devaluación de la moneda, que ha empujado a los sectores productivos del país, tales como la pesca o el turismo. Ambos, de hecho, habían sufrido durante los años del boom debido a la desmesurada fortaleza que había adquirido la corona.
La situación de Islandia, sin embargo, no se puede comparar con la de Grecia, cuyas características y circunstancias son distintas. En primer lugar, Islandia es un país pequeño, de 300.000 habitantes, frente a los más de 11,2 millones que tiene Grecia, lo que hace que el impago de su deuda exterior no sea tomado tan en serio como en el caso de Atenas. Aparte de esto, "la deuda pública islandesa se acumuló a causa del colapso de los bancos, es decir, no fue resultado del déficit sistemático de las cuentas públicas", como sucede en Grecia, explica Matthiasson.
Sin embargo, todo esto no significa que Islandia no corra riesgos. Por un lado está el caso Icesave, cuya quiebra dejó en la estacada a miles de ahorradores británicos y holandeses y que todavía está pendiente de resolución. Aunque "la principal amenaza para el crecimiento a largo plazo son los controles de capital". Según Matthiasson, si bien fueron eficaces al principio para estabilizar la economía, "su efecto a largo plazo es la reducción del acceso a los mercados financieros extranjeros y del atractivo de Islandia como país donde invertir".
27-II-12, lavanguardia
