la euroliga de baloncesto, ejemplo de gestión económica paneuropea

La Euroliga de baloncesto quiere más estabilidad y más transparencia. Una comisión dirigida por Salvador Alemany, presidente de la comisión económica de Euroleague Basketball, ha definido los criterios básicos de un proyecto, que la asamblea aprobará el próximo mes de junio, destinado a garantizar el juego limpio y la buena salud de los clubs en el aspecto económico.

"Se trata básicamente –explica Jordi Bertomeu, director ejecuitivo de la Euroliga– de dar unas pautas a los clubs para que su gestión económica los haga sostenibles, bajo el principio de los presupuestos equilibrados". Es lo que se conoce como break-even rule: no gastar más de lo que se gana. El segundo objetivo fundamental es la transparencia de los presupuestos; saber de dónde viene y adónde va el dinero. Especialmente en lo que se refiere a las aportaciones de determinados accionistas, para evitar el peligro de que aparezcan de súbito con muchos millones de euros y desaparezcan poco después dejando la nada tras de sí.

Se marcará un presupuesto mínimo a los clubs, en un intento –complicado– de suavizar el enorme desequilibrio actual, que llega a una proporción de uno a diez entre los poco más de 3 millones de euros de los más modestos y los bastantes más de 30 de un CSKA Moscú en que los contratos anuales de los ocho jugadores mejor pagados (Kirilenko, Krstic, Khryapa, Teodosic, Gordon, Siskaukas, D. Lavrinovic y Kaun) suman 15,3 millones. Ese mínimo podría establecerse de entrada en unos 4 millones, para ir subiendo paulatinamente.

Por otro lado, se fijará un tope para el porcentaje del presupuesto que representa el salario de los jugadores. Alrededor de un 70% como máximo, cuando ahora el abanico va de un 50% a un 90%. Y también un porcentaje máximo admisible de pérdidas en tres años consecutivos y un límite a la aportación de los mecenas, tema este último especialmente sensible. La Euroliga da la bienvenida a los inversores, por supuesto, pero tiene muy claro que los clubs han de generar recursos propios suficientes para garantizar su continuidad. El modelo deseable, del que el Caja Laborasl sería seguramente el mejor ejemplo, marcaría un 40% de los ingresos procedente de abonados y taquillaje, porcentaje muy superior a la realidad actual en la mayoría de los clubs; un 30% del patrocinador y el otro 30% de los derechos de televisión.

La primera parte del proyecto ya se ha puesto en marcha. Desde hace dos años los clubs están obligados a ofrecer información de su marcha económica, aunque de momento no hay ninguna sanción (eso será a partir de la temporada 2015-16) para el incumplimiento de unas reglas que pretenden establecer un marco financiero unificado y acorde con la normativa legal de la Unión Europea. Mientras tanto, los clubs se van entrenando, dentro de un proceso de adaptación que para bastantes países de la élite europea del baloncesto (Grecia, Turquía, Rusia...) supone una ruptura absoluta con la dejadez habitual en sus prácticas contables.

"La Euroliga es consciente –apunta Salvador Alemany– de la dificultad de adaptarse a algunos puntos del proyecto, pero es indiscutible la necesidad de un juego limpio en la cuestión económica. Los clubs que quieran formar parte de instituciones serias necesitan un mayor nivel de control. Control propio y control por parte del grupo. Los clubs que disputan la máxima competición europea han de tener una sólida reputación, individualmente y en su conjunto. Deben ser dueños de su futuro y, para ello, hacer los esfuerzos necesarios para hallar la estabilidad económica, aunque eso comportará sacrificios".

12-III-12, J.A. Casanova, lavanguardia