la austeridad, por sí sola, es miseria que aumenta la miseria
Dos conceptos de Einstein vienen como anillo al dedo a la actual coyuntura económica europea: el primero es que el tiempo existe para que las cosas no ocurran simultáneamente. Y el segundo es que la locura consiste en repetir las mismas acciones una vez tras otra, en la esperanza de que el resultado sea diferente.
“En lo que se refiere a las medidas austeridad –dice el analista de la City londinense Thomas Wang–, es evidente que la miseria no hace otra cosa que alimentar más miseria, que es una locura pretender que las subidas de impuestos, los recortes de inversión, los despidos y prejubilaciones masivos vayan a desembocar en algo que no sea más desempleo, más déficit y más crisis. De los recortes nunca en la historia ha surgido crecimiento económico, y tampoco va a surgir ahora”.
En economía, las tormentas se gestan despacio, pero cuando estallan, los acontecimientos se precipitan y todo lo peor pasa al mismo tiempo. Si el Gobierno de David Cameron pensaba que el plan de austeridad más severo en setenta años, con recortes de 20.000 millones de euros en el Estado de bienestar, iba a ser la medicina amarga que sacara al Reino Unido del pozo, no ha tardado ni en un año en despertar de su sueño. “La economía no son matemáticas puras –opina Chang, y como él muchos otros observadores–, pero es obvio que la consecuencia de la austeridad es un descenso del consumo y de la confianza, que a su vez significa una reducción de lo que el Tesoro ingresa en concepto de impuestos al mismo tiempo que aumenta la factura de la Seguridad Social por el alza del desempleo, y todo ello redunda en que el déficit sube en vez de bajar, y los votantes se enfadan porque ven que sus sacrificios no sirven para nada. Es una fórmula que siempre da el mismo resultado, como el teorema de Pitágoras”.
La pregunta, entonces, es por qué Cameron, Merkel, Rajoy, la UE y las instituciones económicas internacionales se han rendido a la ortodoxia de la mutualización de la deuda y la consolidación fiscal. “Los actuales programas están estrangulando a los países deudores de la periferia europea. Estos nunca han dado resultado en la historia, y equivalen a las sangrías que se aplicaban a los enfermos antes del descubrimiento de la penicilina, con el único resultado de debilitarlos aún más. Estamos en una fase del proceso –señala el sociólogo y comentarista político Marcus Duval– en la que no se trata de qué es mejor para los ciudadanos, sino de qué es mejor para los acreedores, y en particular para los inversores internacionales que han comprado bonos de España, Italia o Grecia en la creencia de que eran tan seguros como los alemanes.A quien ha prestado el dinero no le preocupa el bienestar del deudor, y menos si tiene la impresión de que vive por encima de sus posibilidades y no se va a morir por reducir su calidad de vida. Lo que le preocupa es que tenga un apartamento en la playa, conduzca un Audi y se vaya de vacaciones cuando tiene problemas para pagar el crédito”.
A partir de ahí, uno puede pensar que los políticos son en general unos ineptos. O, con una visión más conspirativa, que los actuales dirigentes están sometidos por completo a los intereses de la banca, la construcción, el gran capital y el establishment económico que financian sus campañas, y, por tanto, que carecen de independencia para hacer un análisis objetivo en función de lo que conviene más a la mayoría de la población. “Lo que está claro –estima Duval– es que los draconianos planes de austeridad no van a hacer más que agudizar lo que en países como España o Grecia es ya el equivalente europeo de la Gran Depresión estadounidense de finales de los años veinte y principios de los treinta. Y que por el momento sólo sale ganando Alemania, aunque ya veremos qué hace cuando no tenga a quién exportar”.
La situación en Gran Bretaña es grave, aunque no tan dramática porque está fuera del euro y puede devaluar su moneda. Los recortes han acabado en poco tiempo con el prestigio y la popularidad de Cameron y la oposición laborista le saca ya nueve puntos de ventaja en los sondeos. Los votantes se dan cuenta de que, por un lado, el déficit público sigue siendo de un 66% del PIB, el 8,3% de la población está en el paro, y la economía ha vuelto a entrar en recesión. Y de que, por otro, quienes pagan son exclusivamente las clases medias porque el Gobierno ha reducido los impuestos a los millonarios como “medida de estímulo”. Para las víctimas del sistema, todo lo malo que puede pasar está pasando al mismo tiempo.
6-V-12, R. Ramos, lavanguardia
