presente político del pasado histórico europeo
Todas las iglesias presentes en Ucrania anunciaron ayer un histórico llamamiento a la reconciliación para poner fin a la disputa que desde la Segunda Guerra Mundial divide a ucranianos y polacos a raíz de las masacres étnicas ocurridas en plena contienda.
“Exhortamos a los polacos y ucranianos a decir una vez más: perdonádnos como nosotros os perdonamos a vosotros (...) Debemos decirlo, debemos enseñarlo a hijos y nietos, y así debemos obrar todos en consecuencia”, dijo el Consejo Eclesial de Volinia, que integran ocho jerarcas de otras tantas confesiones, desde la ortodoxa hasta la grecoromana pasando por la uniata grecocatólica y la protestante.
La declaración se refiere a uno de los capítulos más trágicos de la historia común. En febrero de 1943, cuando Ucrania y Polonia estaban ocupadas por el Tercer Reich, los nacionalistas clandestinos que luchaban por independizar Ucrania de la URSS, la Alemania nazi y Polonia, desataron una limpieza étnica en las tierras de Volinia, limítrofes con la Polonia de antes de la guerra, donde desde hacía siglos vivía una numerosa minoría polaca (350.000 personas) que consideraban el principal elemento social opresor y enemigo de la lucha independentista. Los guerrilleros del ejército clandestino ucraniano UPA asesinaron en Volinia a más de 100.000 polacos. En la venganza de los guerrilleros anticomunistas polacos murieron varios miles de ucranianos.
Los polacos de Ucrania pertenecían a la Iglesia católica latina, mientras que los ucranianos de la parte occidental eran fieles de la Iglesia grecocatólica, de obediencia romana pero rito bizantino, y de marcado carácter nacional.
Terminada la guerra, la mayor parte de Ucrania quedo anexada a la URSS. Los guerrilleros independentistas fueron derrotados y cientos de miles de campesinos ucranianos fueron deportados.
Desaparecida la URSS en 1991, Polonia y Ucrania intentaron la reconciliación, pero repetidas veces chocaron con la resistencia de los nacionalistas de ambos lados. Ni los presidentes de ambos estados ni el papa polaco Juan Pablo II lograron desarmar las pasiones enfrentadas.
30-IV-13, M. Stasinski, lavanguardia
