en Baviera también hay políticos corruptos (pero la Presidenta los denuncia, y algunos dimiten)

¿Es Nápoles la capital de Baviera? ¿Es Munich una ciudad española? A juzgar por el escándalo de nepotismo, típicamente mediterráneo, que recorre la política bávara, e incluso su vigoroso y ascendente club de fútbol, no hay duda: falta bien poco para que los bávaros cuelguen su ropa interior en los tendidos aéreos de sus calles e incluso vociferen en camiseta desde sus balcones.

De momento ya han adoptado un rasgo característico de los denostados meridionales: colocar al familiar. Lo que empezó siendo un escándalo del Parlamento, se extiende ahora al propio Gobierno, regido desde tiempos inmemoriales por la Unión Social Cristiana (CSU), el partido socio de Angela Merkel en Berlín y que en Munich se confunde con las más castizas esencias nacionales.

Setenta y nueve diputados, sobre un total de 187 señorías, incluidos seis de los once ministros del Gobierno, han sido identificados por la presidenta del Parlamento bávaro, Barbara Stamm, como colocadores de hijos, esposas y parientes en mullidos puestecitos de la Administración como ayudantes. La lista se ha hecho pública entre la protesta de la cámara y afecta a más del 40% de los diputados.

La ministra de justicia bávara, Beate Merk, pagó a su hermana para que le diseñara su portal de internet, el ministro de Agricultura, Helmut Brunner, emplea a su mujer de secretaria y el secretario de Cultura, Bernd Sibler, emplea a su mujer y a su madre.

Una institución meridional que no ha funcionado en este caso es la omertà, la ley del silencio y código de honor que prohíbe denunciar a un colega. Stamm, ella misma miembro de la CSU, se ha abierto paso en su denuncia pese a las presiones, lo que ilustra ciertos brotes de salud institucional. Desafiando a sus colegas ha publicado todos los nombres, aunque no ha hecho públicas los salarios y honorarios cobrados por familiares y compañía. “Si alguien está en contra de la publicación de la lista, tendrá que querellarse contra mi”, ha dicho la presidenta. “No podemos poner a todo el mundo en la misma cesta”, ha añadido, defendiendo la reputación de la parte no afectada de la Cámara. Lo mismo puede decirse de otra institución mucho más exótica en el eje hispano-napolitano: la dimisión. El jefe del grupo parlamentario de la CSU, Georg Schmidt, que pagaba 5.500 euros a su mujer, ha dimitido, igual que otro diputado.

Desde el año 2000, una ley prohíbe expresamente el amiguismo en la Administración, aunque permitía que los contratos existentes expiraran en su plazo. Muchos se hicieron los longuis y eternizaron la práctica.

El escándalo le ha estallado en la cara al Ministro-presidente de Baviera, Horst Seehofer, que ayer arrancaba su campaña preelectoral –en Baviera hay elecciones el 15 de septiembre– con un colorido espectáculo lleno de globos a la americana.

4-V-13, R, Poch, lavanguardia