el mejor regalo de Navidad fue hace un siglo...

Sin enemigo no hay guerra. Y por unas horas, unos pocos días, en las sangrientas trincheras de la Primera Guerra Mundial los soldados británicos y alemanes se miraron a los ojos y descubrieron que eran incapaces de seguir pegándose tiros en plena Navidad, la primera de la larga contienda.

Las hostilidades habían comenzado hacía sólo cuatro meses. Entonces nadie podía imaginar que aún quedaban por delante cuatro años más de guerra, millones de muertos. Y de repente, en Nochebuena, se escuchó un coro de voces en medio de la niebla que envolvía las trincheras: eran soldados alemanes, cantando un villancico. Stille Nacht, heilige Nacht... Más allá, en otro punto de la línea defensiva, un oficial alemán se acercó con las manos en alto hasta la línea británica y pidió permiso para dar sepultura a sus muertos, que yacían por decenas entre las trincheras.

Espontáneamente, esa noche soldados de distintos regimientos cruzaron las líneas enemigas e intercambiaron saludos, apretones de manos, botones, cartas, cigarrillos y botellas de alcohol. Conocieron a Tommy, como los alemanes llamaban a los británicos, y a Fritz, como los ingleses se referían a los alemanes. La tregua culminó con un partido de fútbol en los helados campos de Flandes, en la franja conocida como No Man’s Land (tierra de nadie). El partido “tuvo un resultado familiar: ganaron los alemanes, por 3-2”, relata el documental histórico realizado por la cadena BBC.

Cumplido el plazo de aquella espontánea tregua informal, a los mandos militares les costó horrores convencer a sus hombres para retomar las armas. Eran incapaces de pegar un tiro. Por unos días se dedicaron a tirar al aire sin causar bajas, a malgastar la munición, a disparar a las estrellas, según contaron en sus cartas. No veían al enemigo.

Este inédito y fugaz brote de paz en plena guerra, el más importante de la historia moderna, llegó a las portadas de la prensa británica a primeros de enero, con chocantes fotos de soldados alemanes y británicos codo con codo, sonriendo, dando patadas a un balón de fútbol, confraternizando... En Francia este episodio –bochornoso para los altos mandos– directamente se censuró. La fascinante historia ha inspirado documentales, películas y hasta canciones. Ahora que están a punto de cumplirse cien años del comienzo de la Gran Guerra, ingleses y belgas quieren rescatar este mágico momento para explicar la historia a los más jóvenes, para no olvidar y alentar los valores de la paz y la cooperación.

El Ministerio de Asuntos Exteriores británico y la Premier League acaban de anunciar que financiarán la construcción de un campo de fútbol en Ypres (Bélgica). Las obras deberían terminar en noviembre del 2014, para que cuando llegue el centenario de la histórica tregua jugadores juveniles de equipos de toda Europa puedan jugar en él un torneo internacional. “Este nuevo campo de fútbol de tercera generación representa una oportunidad fantástica para continuar los mensajes de paz y entendimiento que se asocian con el partido original de la tregua de Navidad de 1914 –afirma Ged Roddy, jefe de juveniles de la Premier League–. Permitirá ofrecer a los jóvenes unas instalaciones deportivas de calidad y conectar la historia de lo que ocurrió en Ypres con su propia educación”.

17-XII-13, B. Navarro, lavanguardia