la suprema estúpida hideputez de envenenar, de convertir en tóxica, la tierra de la que comemos
Los terremotos no son el único peligro que acecha a los Abruzos, región central de esa espina dorsal montañosa que atraviesa Italia. En uno de los parajes naturales más bellos del país, un territorio en el que viven osos pardos, ciervos y lobos, se halla el vertedero de Bussi sul Tirino, considerado el mayor basurero de residuos tóxicos de Europa, una auténtica bomba ecológica que requeriría una inversión de 600 millones de euros para ser desactivada.
El vertedero de Bussi, descubierto por el Cuerpo Forestal del Estado en el 2006 y bajo secuestro desde el año siguiente, es una herida sangrante, un ejemplo de negligencia criminal de la industria y de complicidad de las administraciones públicas. Se trata de un caso especialmente escandaloso porque la catástrofe medioambiental se consumó en un valle que separa dos parques nacionales, el del Gran Sasso y el de la Maiella. Una terrible paradoja italiana. En las cumbres se halla el glaciar de Calderone, el más meridional de Europa. En el valle, un depósito de sustancias supertóxicas enterradas ilegalmente por la multinacional química Montedison que contaminó durante decenios un río subterráneo y el agua de los grifos de Pescara y de un área costera en el Adriático. Bastaron un puñado de hectáreas para amontonar hasta 6 y 7 metros de materiales ultratóxicos como cloroformo, tetracloruro de carbono, percloroetileno, tetracloroetileno, triclorobenzeno, además de metales pesados de todo tipo y otros elementos, residuos de procesos químicos, capaces de envenenar lentamente a varias generaciones.
El vertedero de Bussi sul Tirino ha vuelto a ser noticia al conocerse, hace dos semanas, un informe pericial del Instituto Superior de Sanidad que confirma los peores temores. Durante años -hasta el 2007- unas 700.000 personas del área de Pescara y Chieti estuvieron expuestas a agua contaminada, incluidas escuelas y hospitales. Otra investigación anterior, en el 2004, ya había dado motivos de alarma, pero no se tomaron medidas.
A nivel judicial, el proceso contra los responsables del vertedero está siendo muy polémico. Se ha suspendido de momento el juicio hasta esperar el resultado de un recurso ante el Tribunal Supremo. Los abogados de Montedison pretender trasladar el proceso a un lugar alejado de los Abruzos, para evitar que quienes juzgan se vean influidos emocionalmente por el ambiente ciudadano de indignación y por el propio miedo de haber sido ellos mismos víctimas de la toxicidad.El veneno enterrado en los Abruzos es una realidad mucho menos conocida dentro y fuera de Italia que la catástrofe de la Tierra de los Fuegos, la zona de la Campania, entre las provincias de Nápoles y Caserta, donde la Camorra, durante años, ha enterrado o quemado residuos tóxicos industriales procedentes de empresas del norte de Italia y del extranjero, una actividad que ha producido ganancias astronómicas a los clanes mafiosos.
El escritor antimafia Roberto Saviano, autor del éxito mundial Gomorra, dedicó el último capítulo del libro a la Tierra de los Fuegos. Saviano, gran conocedor de la psicología de los mafiosos y de sus métodos, trató de dar una explicación a su conducta. "Los capos no han tenido ningún tipo de inconveniente a forrar de venenos sus propios pueblos, a dejar pudrirse las tierras que rodean sus propias mansiones y sus propias fincas -escribió el escritor napolitano-. La vida de un boss es breve; el poder de un clan, entre guerras mafiosas, detenciones, matanzas y cadenas perpetuas, puede no durar mucho. Ahogar de residuos tóxicos un territorio, rodear los propios pueblos de cadenas montuosas de veneno puede resultar un problema sólo para quien posee una dimensión de poder a largo plazo y con responsabilidad social".
La magnitud real del envenenamiento en Campania se ha ido conociendo poco a poco, y ha vuelto a reafirmarse gracias a las declaraciones de un mafioso arrepentido, Carmine Schiavone, quien acusó al Estado, incluido al presidente de la República, Giorgio Napolitano -que fue ministro del Interior entre 1996 y 1998-, de haber ocultado información vital a la ciudadanía.
La contaminación de la tierra y el aire ha obligado recientemente a secuestrar 64 hectáreas de suelo agrícola para impedir que se cultiven allí productos para el consumo. Se da la circunstancia de que la mozzarella más apreciada y una de las excelencias culinarias italianas con fama mundial procede de la zona de Caserta, en plena Tierra de los Fuegos.
El Gobierno de Matteo Renzi está dando prioridad al problema y ya ha trazado un mapa de los terrenos sospechosos, en 57 municipios, un primer paso para empezar una labor de saneamiento que se adivina colosal y que de poco servirá, sin embargo, si no se aborda en serio el problema general de cómo se procesan y controlan los residuos industriales.
Una de las figuras más activas en la denuncia de los efectos nocivos de la basura tóxica incontrolada en Campania es el oncólogo Antonio Marfella, quien desde hace años alerta de la incidencia mucho mayor de diversos tipos de tumores, como los hepáticos, pulmonares y de tiroides. "Estamos viviendo una situación de envenenamiento crónico", subraya el médico, al tiempo que recuerda el inquietante dato de la pérdida de dos años de esperanza de vida para los habitantes de campaña en el último ventenio.
13-IV-14, E. Val, lavanguardia
Maurizio Patriciello pertenece al nutrido grupo de sacerdotes italianos en primera línea contra las mafias y a favor de la legalidad. Este párroco de la localidad campana de Caivano es un conocido activista que lucha por sanear la Tierra de los Fuegos y por evitar que nunca más se viertan ilegalmente residuos tóxicos que envenenan el entorno. Don Maurizio, editorialista de prensa y autor de dos libros -El Evangelio de la Tierra de los Fuegos y No esperemos el apocalipsis- dialogó con La Vanguardia sobre su misión pastoral y cívica.
¿Por qué se habla tanto, de nuevo, de la Tierra de los Fuegos, un problema conocido desde hace años?
La razón está, creo, en que se ha implicado la Iglesia, en estos últimos años, porque era algo insoportable. Quienes vivimos en este territorio nos damos cuenta de que están aumentando terriblemente las patologías tumorales. La gente se enferma y se muere de tumores más que en otros lugares.
En su calidad de sacerdote, ¿cómo gestiona la angustia, la rabia de la población?
Es muy difícil porque, por una parte, como cura, debo dar esperanza y consuelo. Pero, por otra, debo tomar esta rabia y encaminarla para que se convierta en motivo de esperanza, en motivo de protesta, siempre civilizada y pacífica, y que sea un estímulo a las instituciones para que hagan su deber. En torno a mí se han formado centenares de comités, con miles de personas que piden sus derechos. El pasado 16 de noviembre, en Nápoles, nos manifestamos 100.000 personas, bajo la lluvia. El Gobierno no puede no darse cuenta.
¿Es optimista sobre que puedan desinfectarse estas zonas?
Esta mañana estaba en los Abruzos en una convención de médicos de alto nivel para estudiar el tema sanitario. No soy optimista. Soy realista. Sé que este problema es muy complejo. Demasiada gente se ha ensuciado las manos. Ha habido la Camorra, pero también la industria, y también la política perezosa, negligente. Ahora es difícil porque se debe sanear y también poner en cintura a un sistema industrial que trabaja de un cierto modo y que después, por la fuerza de las cosas, debe deshacerse de los residuos de modo ilícito. Porque nuestro problema, entiéndalo bien, no son los residuos urbanos, del ama de casa, de la abuela. Son los residuos industriales, esas toneladas de veneno que, para ahorrar el coste de procesarlas y eliminarlas, se han dado a la Camorra, y esta las ha enterrado o quemado.
¿Cree que el nuevo Gobierno de Renzi es más consciente y tiene más voluntad política para afrontar este problema?
Al menos estoy muy contento porque finalmente hemos elevado a nivel nacional y también internacional un problema que parecía reducirse a la Campania. Hoy mismo (el viernes), la prensa habla de detenciones por desechos ilegales en Campania, Apulia y Calabria. No ocurre sólo en Campania, aunque la opinión pública está más atenta. Yo
he dicho que esta es una barca en la que estamos todos. Si la barca se hunde, moriremos todos. Es un sistema que el mundo no puede sostener en absoluto. Si se contaminan las aguas de los ríos, se contaminan los mares, las tierras. Y el hombre vive de la naturaleza. Es verdaderamente absurdo. Yo creo que las futuras generaciones no nos perdonarán este ejemplo.
Envenenar la propia tierra es un crimen muy grave. ¿Cómo es posible que las mafias hayan hecho esto? ¿Quizás también por ignorancia?
La relación entre bien común y bien privado es muy importante. Porque, mire, han sido las mafias, es verdad, pero con las mafias han hecho negocios los industriales, que no son mafiosos o al menos no deberían serlo. Ambos han actuado por esa fiebre de poder, de dinero. La gente no entiende que puede poseer una mansión de oro pero, si el ambiente está contaminado, ¿qué comes?, ¿qué respiras? Es esa avidez de poseer, de los bienes privados, de tener cada vez más, con lo que se pisotea el bien común, se pisotea la Creación y se pisotea al prójimo. Y se pisotean sobre todo las futuras generaciones. A mí me preocupan sobre todo las futuras generaciones. No quiero que nadie venga a mi tumba a maldecirme cuando el Señor me llame al otro mundo. Porque les hemos hecho un daño muy, muy grave.
¿Se liberará un día Italia de las mafias?
Creo que sí, pero no penséis vosotros, en España, que no tengáis el mismo problema. El problema de las mafias es mundial, no sólo italiano. Están las mafias del Este, que son aún más peligrosas, las chinas y otras. Todos los países debemos tener parlamentos y gobiernos que se hagan cargo de la situación y que no tengan necesidad de las mafias para ganar votos. Por desgracia se ha creado un feo sistema entre las mafias y la política. Debemos poner fin a ese abrazo mortal.
13-IV-14, E. Val, lavanguardia
