Crimea, Escocia, Cataluña, Véneto... Kurdistán
Mientras el Parlamento de Iraq se desgarraba ayer en Bagdad entre insultos e invectivas de los diputados kurdos y suníes contra el primer ministro saliente, el chií Nuri al Maliki, retirándose de la reunión y haciendo fracasar la elección del presidente de la Asamblea por falta de quórum, en Irbil, el presidente del gobierno autónomo, Masud Barzani, anunciaba un referéndum sobre la independencia del Kurdistán.
Si a la apertura de la sesión acudieron 255 de los 328 diputados, después de un receso no había más que 75. Se había perdido el quórum. En medio de una república desahuciada por dos de sus componentes básicos, los árabes suníes y los kurdos, de una república cuyas fuerzas armadas son incapaces de detener el avance de los yihadistas del hasta ahora llamado Estado Islámico de Iraq y de Siria (EIIS), que ya proclamó su califato como Estado Islámico, que acaba de conquistar otra ciudad fronteriza siria, y que ha invitado a todos los musulmanes competentes como médicos, ingenieros, o militares a acudir a su territorio, las ambiciones de Nuri al Maliki de conseguir un tercer mandato como primer ministro son culpables. En el 2010 tampoco obtuvo la mayoría para formar gobierno y necesitó mucho tiempo a fin de conseguirlo.
En épocas menos turbulentas de este Iraq surgido tras la derrota del baasismo de la república del miedo de Sadam Husein, hacían falta meses, muchos meses, para conseguir formar gobierno. Después de las anteriores elecciones legislativas del 2010 los diputados necesitaron cinco meses para ponerse de acuerdo. Ya entonces la imposibilidad de un compromiso era alarmante porque anunciaba que iba a ser muy difícil gestionar los vitales temas de la seguridad nacional que, tras la fijada evacuación militar estadounidense, recaerían completamente sobre los dirigentes de la república. En el 2010 Iraq ya vivía con el miedo de una violencia desbocada, de la latente guerra civil, del temor a toda suerte de insurrectos y no sólo de Al Qaeda.
En Irbil, el presidente Masud Barzani, en declaraciones a la BBC, ha afirmado sin ambages: "Iraq se ha dividido y no podemos quedarnos en esta situación trágica en que vive el país. Organizaremos un referéndum en el Kurdistán y respetaremos su resultado". El prominente político,miembro de una legendaria familia de nacionalistas kurdos no ha anunciado la fecha de esta trascendental convocatoria, pero dijo que se llevaría a cabo en los próximos meses.
De hecho el Movimiento del Referéndum kurdo, encabezado por Hiwekat Abdulah y A.K. Bushairi ya organizó en enero del 2005, el mismo día de las elecciones legislativas iraquíes, un referéndum oficioso en el que el 98,8% de los participantes votaron por la independencia . Nunca en el Kurdistán se había vivido tal fervor nacionalista. Todos mis interlocutores coinciden en que, ya antes de las victorias de los yihadistas, se habían agravado las relaciones entre los gobiernos de Bagdad y de Irbil por el aplazamiento del pago de las regalías del petróleo por parte del Gobierno central.
Todos los importantes temas pendientes, como la suerte de Kirkuk y de los demás territorios disputados, han ido posponiéndose. Nunca se celebró el referéndum sobre Kirkuk, que debía haberse efectuado en el 2006, y que ahora está en manos de los peshmergas tras la desbandada de los efectivos del ejército iraquí y de donde, como me dicen en Irbil, "nunca se retirarán".
"Kirkuk debe ser un centro multicultural -afirma Aakam, joven universitario y musulmán practicante-. Hemos jugado a la independencia desde 1995. Hay que cambiar la historia. El nacionalismo está por los cielos. No queremos la opresión ni la guerra. Sueño con tener un pasaporte kurdo. Es un movimiento en progreso, carbón en el fuego, gasolina viva".
La acción de los peshmergas, que al tomar Kirkuk han defendido Irbil de las amenazas yihadistas, ha fomentado el entusiasmo de los kurdos. "Todos somos peshmergas" han escrito en los muros del bazar de la ciudad.
2-VII-14, T. Alcoverro, lavanguardia
La independencia del Kurdistán iraquí ya es sólo cuestión de tiempo, según han confirmado a La Vanguardia fuentes del Gobierno autónomo kurdo. La decisión está tomada, y así se lo dijo el presidente kurdo Masud Barzani al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, el pasado martes en Irbil.
El primer ministro iraquí, Nur al Maliki, lleva varios días telefoneando a Barzani. Le ofrece más territorio para la región autónoma kurda iraquí y más ingresos del petróleo a cambio de ayuda militar para derrotar al EIIS, pero Barzani no se pone al teléfono. Maliki no puede ofrecer nada que Barzani ya no tenga. Desde hace dos semanas ocupa Kirkuk, la principal zona petrolera del norte, ciudad multiétnica que será la capital del nuevo Estado.
"Maliki nunca ha respetado los acuerdos que hemos firmado con él", explica a este diario Carlos Kurdi, diplomático kurdo hasta ahora encargado de las relaciones con la UE. "Nos prometió muchas cosas que nunca cumplió. Ahora es tarde. No queremos más tratos con él. No es de fiar. Es un corrupto que ha amasado una fortuna de más de 7.000 millones de dólares. Si se desmonta Iraq, Kurdistán declarará de inmediato la independencia".
Los kurdos ya no quieren contribuir a la unidad del país, y las declaraciones a favor de la secesión y la autodeterminación han sido constantes esta misma semana. El presidente Barzani, por ejemplo, declaró el lunes a la CNN que "Iraq se desmorona. El Gobierno de Bagdad no controla nada. Ha llegado la hora de que los kurdos iraquíes decidamos nuestro futuro".
El Kurdistán iraquí funciona como un Estado semiindependiente desde 1991. Ha celebrado varias elecciones con un sistema democrático que no es perfecto pero funciona, igual que la administración. La corrupción vinculada a los negocios del petróleo es el problema más grave.
Los peshmerga forman la base de un ejército que incluye a árabes y cristianos, competente y comprometido con la defensa de las fronteras, donde está desplegado para contener cualquier ataque que proceda de Iraq o Siria.
La región ha escapado hasta ahora a gran parte de la violencia entre suníes y chiíes, y la administración kurda ha sido capaz de tejer una red apoyos diplomáticos en Teherán, Ankara, Washington y las capitales europeas.
El nuevo país nacerá sobre una gran reserva de petróleo: 45.000 millones de barriles, la sexta del mundo, a repartir entre apenas 6,2 millones de habitantes. Hace una década, a pleno rendimiento, el campo de Kirkuk producía 1,5 millones barriles diarios. El resto de la región, 400.000. Compañías estadounidenses, chinas y europeas han hecho fuertes inversiones para explotar los yacimientos.
La vía clásica para sacar el petróleo de Kirkuk es a través de un oleoducto hasta el puerto turco de Çeyhan, pero transcurre por territorio ocupado por el EIIS, lo que ha obligado a construir una variante, que empezó a funcionar en mayo. Dos petroleros cargaron el crudo en Çeyhan, pero Bagdad frenó la venta. Los buques fondean desde entonces frente a las costas de Malta y Marruecos. Cuando el Gobierno de Irbil supere las presiones diplomáticas de Bagdad y encuentre comprador, el Kurdistán será un país del todo autosuficiente.
La independencia, según Kurdi, no desequilibrará la región más de lo que ya está. Al contrario, puede ser un foco de estabilidad. "Turquía ha apoyado hasta ahora al Gobierno kurdo-iraquí y va a seguir haciéndolo", ha asegurado el vicepresidente kurdo Husein Çelik al diario Rudaw.
Turquía, como señala Carlos Kurdi, es el principal socio del Kurdistán iraquí. El 70% del comercio entre Iraq y Turquía es sólo con el Kurdistán y supera los 9.000 millones de dólares anuales. Cuando el negocio del gas y el petróleo esté a pleno rendimiento, fácilmente superará los 25.000 millones. Mil quinientas empresas turcas se han establecido ya en Irbil a la espera de que se declare la independencia.
El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, considera que un Kurdistán independiente en Iraq ayudará a solucionar el problema kurdo en Turquía. El desmantelamiento del grupo terrorista PKK sigue adelante, y el jueves el Gobierno presentó ante el Parlamento la propuesta de ley para dar un marco legal a las negociaciones de paz, tal y como habían exigido los kurdos. Los guerrilleros del PKK tendrán ahora incentivos para dejar las armas y volver a casa.
Muchos siguen en sus bases situadas en las montañas del Kandil (Iraq), posición que difícilmente podrán mantener en un Kurdistán independiente. El pasado noviembre, Erdogan y Barzani cerraron una alianza que la ofensiva de los milicianos del EIIS ha consolidado.
Después de Turquía, Irán es el segundo socio comercial del Kurdistán iraquí: 4.000 millones de dólares al año. Mantener esta relación es vital para el nuevo Estado. Por este motivo, el primer ministro kurdo, Nechirvan Idris Barzani -sobrino del presidente Barzani-, estuvo la semana pasada en Teherán. Irán es el principal aliado de Maliki y preferiría que Iraq se mantuviera unido. Así se lo dijeron al primer ministro kurdo sus interlocutores persas.
Teherán confía en que Maliki, con los aviones rusos que acaba de comprar, derrotará al EIIS. Sin embargo, Ankara y Washington no lo tienen tan claro y han presionado a Maliki para que deje el poder y permita un gobierno de unidad. Carlos Kurdi confirma que sólo en el caso de que ese nuevo ejecutivo quiera convertir Iraq en un verdadero Estado federal se replantearían la independencia.
Pero Maliki no está por la labor y el martes se negó a dejar el poder o compartirlo con alguien que no sean sus antiguos aliados chiíes. Esta decisión, a ojos de Irbil, confirma una mentalidad sectaria y étnica que sólo puede perpetuar la opresión que el pueblo kurdo ha sufrido bajo los gobiernos de Bagdad.
Nada más conocer la posición de Maliki, el primer ministro Barzani telefoneó a Ankara. Erdogan lo recibió el jueves con los brazos abiertos. Barzani y su número dos, Qubad Talabani -sobrino de Jalal Talabani, presidente de Iraq-, también se reunieron con el ministro de Energía y el responsable de los servicios secretos. De estas entrevistas quedó claro que Turquía apoyará un Kurdistán independiente a cambio del petróleo que necesita para su crecimiento económico y de una zona tampón que le proteja del EIIS.
Estados Unidos, finalmente, tampoco hará nada más por mantener unido Iraq. A pesar de las reiteradas peticiones de Maliki, ha renunciado a intervenir. Los 300 soldados que ha enviado a Bagdad parecen destinados a proteger la salida de funcionarios de la zona verde, el área administrativa desde la que la Casa Blanca intentó crear un nuevo Estado.
2-VII-14, X. Mas de Xaxàs/E. Martín de Pozuelo, lavanguardia
