¿Norte de Inglaterra, o Sur de Escocia?

Si hay una ciudad que siente auténtica inquietud ante la posibilidad -ya real tras los últimos sondeos que dan el 51% de la intención de voto al sí- de que Escocia opte por salir del Reino Unido el próximo 18 de septiembre, esa es Liverpool.

Al igual que Escocia, Liverpool y todo el norte de Inglaterra es víctima del poder aplastante que ejerce Londres y sus condados satélites en uno de los estados territorialmente más desequilibrados del mundo.

Liverpool, tanto como Glasgow, no vota apenas a candidatos conservadores desde los años de Margaret Thatcher, una política odiada tan profundamente en el norte de Inglaterra como en Escocia por su estrategia de desindustrialización indiscriminada, por la fuerte centralización administrativa que efectuó en favor de Whitehall y Westminster y por la transferencia de poder económico a la City londinense.

Mientras ciudades como Liverpool han sufrido una fuga de talento hacia el sur, hacia Londres y los condados del sudeste, los cinturones periurbanos de las nuevas clases profesionales alimentadas directa o indirectamente por la City ya son feudos tories.

La salida de Escocia -advierten algunos líderes laboristas como el alcalde de Liverpool- garantizaría una mayoría absoluta conservadora ad infinitum en lo que quedase del Reino Unido.

Pero, lejos de temer la secesión de Escocia, los grupos que históricamente han reivindicado transferencias del poder desde el sur al norte ven el voto al sí como una gran oportunidad. "Vemos a Escocia como un buque insignia; muchos en el norte de Inglaterra quisieran que la frontera escocesa se desplazase doscientos kilómetros más al sur", afirma Paul Salveson, exconcejal laborista y uno de los impulsores de la campaña por la creación de una Asamblea del Norte, que crece alrededor de la Fundación Hannah Mitchell de Manchester.

Si los escoceses votan por la independencia o si los unionistas ganan por una mayoría muy estrecha, los organizadores de la campaña regionalista del norte crearán a finales de este mes una nueva formación política regionalista que se presentará a las próximas elecciones generales con un manifiesto de apoyo a una asamblea con poderes tributarios, control sobre policía, educación y la inclusión del norte en una red ferroviaria de propiedad pública. "Estamos mirando con lupa lo que ocurre en Catalunya también", dice Salveson.

Alex Salmond, primer ministro escocés, defendió esta misma idea cuando visitó Liverpool al inicio del verano: "Para el norte de Inglaterra la independencia de Escocia puede ser un catalizador para obtener poder político real para que podamos decidir nuestro propio futuro en lugar de esperar las migajas que nos llegan desde Westminster", dijo.

Las iniciativas del laborista Tony Blair de canalizar la protesta contra la llamada brecha norte-sur tras los años Thatcher no suscitaron gran interés. El único referéndum dio una aplastante mayoría del 78% en contra de una asamblea en el nordeste y el proyecto se abandonó. Pero la sorprendente capacidad movilizadora de grupos escoceses como Common Weal y la campaña por la independencia radical están creando nuevas posibilidades al sur de la frontera. "Durante la campaña del referéndum ha emergido una nueva clase de política, nuevas formaciones más allá del SNP, y nosotros hemos enlazado con ellos; la gente está harta de los partidos tradicionales", sostiene Salveson.

En el condado de Yorkshire ya se ha creado un partido, Yorkshire First, que se presentó a las elecciones europeas y obtuvo 19.000 votos. "Los escoceses nos están enseñando el camino", escribió el líder de este partido, Richard Carter, la semana pasada en el diario Yorkshire Post.

La concentración del poder en Londres y el sudeste se manifiesta claramente en la economía. El norte registra una tasa de paro 1,5 veces más elevada que el sudeste: el 9,4% en el nordeste (Newcastle) el 7% en el noroeste (Liverpool, Manchester) frente al 4,4% en el sudeste. La brecha salarial se ensancha también entre norte y sur.

En Londres el salario medio anual es de 44.000 euros, frente a 30.000 en el norte. En el Reino Unido sólo el 28% del gasto público se canaliza mediante las administraciones subestatales, frente al 38% en España.

El norte de Inglaterra tiene bastante en común con Escocia desde una perspectiva histórica, según recuerda Linda Calley, profesora de historia de la Universidad de Princeton (EE.UU.). "Una línea imaginaria entre Grimsby, en el este, y Gloucester, en el oeste, ha sido tan importante como la fronteras entre Inglaterra y Escocia (...) en lo que se refiere a renta, longevidad, régimen alimenticio, comportamiento cultural, actitudes políticas", sostiene en la London Review of Books.

9-IX-14, A. Robinson, lavanguardia