la Constitución, en Islandia, la elaboran los ciudadanos
La crisis económica causó su primera víctima política en Islandia a comienzos del 2009, cuando el primer ministro conservador Geir Haarde se vio forzado a dimitir. Pocos meses antes, el sistema financiero de este país había caído en quiebra, provocando la caída de su moneda y un aumento brusco del paro. Pero a diferencia de las crisis políticas que se han abierto estos días en Grecia e Italia, en Islandia fueron las protestas de los ciudadanos y no tanto las presiones de los mercados las que en gran manera provocaron el cambio.
El músico Hörður Torfason fue uno de los principales impulsores de esta eficaz movilización popular, los frutos de la cual fueron mucho más allá de la mera caída del Gobierno, provocando también la dimisión de las principales autoridades financieras e impulsando la apertura de un proceso judicial contra el exprimer ministro Haarde, quien se ha convertido en el primer líder político del mundo a ser traído ante los tribunales por sus responsabilidades en el origen de la crisis.
Según Torfason, la clave del éxito ha sido “la constancia en las protestas y la claridad en las demandas, pero también el amplio poder de divulgación que permite internet”. Las pequeñas manifestaciones iniciales fueron rápidamente amplificadas a través de las redes sociales, que también han ejercido un papel insustituible en la primavera árabe y en los movimientos de indignados en España y a nivel global.
El cierto es que tres años después del inicio de la derrota financiera, la economía islandesa muestra hoy signos claros de recuperación, con un crecimiento más grande que muchos países de la UE y una bajada del paro. Se suma el proceso de legitimación política que ha abierto recientemente la reforma de la Constitución, una reforma, por cierto, que también se basa en la participación ciudadana. No sólo fueron los mismos islandeses los que eligieron los miembros del consejo constitucional que ha redactado el borrador de la reforma, sino que los ciudadanos también pudieron colaborar en el proceso a través de las redes sociales.
En los meses próximos, el documento final será dado a conocer a la ciudadanía y en junio será sometido a referéndum. En parte, todo esto ha sido posible gracias a las pequeñas dimensiones de Islandia, que sólo cuenta con 331.000 habitantes. Con todo, su ejemplo también demuestra que se pueden cambiar las cosas con transparencia y sin girar la espalda en el pueblo.
13-XI-11, G. Moreno, lavanguardia
