ofensiva del ejército turco... sobre el sudeste turco

  • Turquía moviliza a 10.000 soldados para “limpiar” los núcleos rebeldes
, Estambul. Corresponsal
18/12/2015 - 00:38h lavanguardia

Escenas de guerra civil: tanques acercándose a centros urbanos, disparos de armas de gran calibre, soldados registrando casa por casa y derribando puertas, calles llenas de zanjas, trincheras y explosivos trampa, decenas de muertos en los combates, toques de queda que duran días e incluso semanas, cascotes e impactos de bala por doquier, decenas de miles de desplazados... No, no se trata de Siria o Libia, es lo que está pasando en el sureste de Turquía.

Ankara ha decidido responder a la declaración de zonas autónomas en una amplia región del sureste turco con una gran operación comandada por dos generales de brigada. La espiral de violencia desatada en las últimas semanas parece apuntillar la ya escasa esperanza de reavivar el proceso de paz del Gobierno turco con la organización armada Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK, colapsado en junio. Desde entonces, al menos 591 personas han muerto: 194 miembros de las fuerzas de seguridad turcas, 246 militantes prokurdos y 151 civiles.

Además, 200.000 personas han tenido que huir, según Figen Yüksekdag, la colíder del partido de izquierdas y prokurdo de los Pueblos Democráticos (HDP), que acusa a Ankara de entablar “una guerra contra los kurdos”.

La violencia se recrudece. En todo caso, algo tan cruento no se conocía desde hace dos décadas. Y no parece tener pronto final: el presidente, Recep Tayyip Erdogan, enfatizó ayer que “las operaciones seguirán” hasta que las autoproclamadas zonas autónomas sean “limpiadas” de militantes kurdos. “Seréis aniquilados en esas casas, en esos edificios, en esas zanjas”, amenazó.

Los combates se sucedían ayer sobre todo en cinco núcleos urbanos: Cizre, Silopi, Nusaybin, el distrito de Dargecit de la provincia de Mardin, y el distrito Sur de Diyarbakir, la capital oficiosa del Kurdistán turco. Un largo convoy de vehículos militares se dirigía ayer hacia Yüksekova, el próximo objetivo. Sólo en la ciudad de Cizre –escenario de las luchas más duras en los últimos días– se han movilizado a más de 10.000 soldados. Y 24 guerrilleros kurdos han muerto en los dos últimos días, según el Alto Mando turco.

Los combates entre militantes prokurdos y soldados turcos –unidos a fuerzas especiales de la policía– se han encarnizado esta semana pero comenzaron de forma paulatina en verano. Desde entonces jóvenes veinteañeros declaran barrios bajo su control con la creación de un özyönetim (autogobierno). Son miembros del Movimiento de la Juventud Patriótica y Revolucionaria; en realidad las juventudes del PKK, aunque renieguen de ello. Patrullan las calles armados de forma precaria, cavan zanjas y levantan barricadas hasta que se sienten cercados por las fuerzas de seguridad del Estado. Entonces comienzan los enfrentamientos, para los que los dos bandos se han preparado a conciencia desde el alto el fuego del 2013. Y el Estado turco no tarda en crear una zona OHAL (estado de emergencia).

“¿Por qué se declara el toque de queda? Porque el Estado debe responder a una nueva táctica del PKK”, decía en octubre a La Vanguardia quien lo decide en Diyarbakir: Galip Ensarioglu, diputado del Partido de la Justicia y Desarrollo, de Erdogan. “El PKK está utilizando una nueva estrategia: traer la guerra a las ciudades”.