guerra intensa y creciente en el sudeste de Turquía
dossier Kurdistán, la mayor nación sin Estado
Mientras Europa intenta detener el flujo de refugiados que entra por Turquía, el sureste turco vive una guerra intensa, callada, con la consiguiente ola de desplazados.
La violencia en esta parte de Turquía, desatada desde hace semanas, sigue recrudeciéndose. La guerra, según datos del Ministerio de Interior turco, ya ha provocado casi cien mil desplazados en las zonas afectadas, sobre todo las ciudades de Cizre, Silopi, Diyarbakir y Mardin. Es decir, un 22% de la población de estas zonas. Y 10.300 pequeños comerciantes han quedado afectados.
Ayer, en su jornada 41 de continuo toque de queda, el barrio de Sur de Diyarbakir volvía a ofrecer imágenes que recuerdan más a la guerra civil en el país vecino, Siria, que al que fuera hasta recientemente el corazón turístico, económico y social de la capital oficiosa del Kurdistán turco. Hasta allá donde dejaban ver
las imágenes de las televisiones, Sur ofrecía el aspecto de un barrio en ruinas, con casi todos los edificios cercenados por los impactos de las armas de gran calibre, barricadas y zanjas por doquier.
Según Ankara, sólo en este barrio 67 miembros de la organización armada Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK, han muerto y 41 han sido detenidos. De los 122.000 habitantes de la zona, 18.000 han huído. Según datos oficiales, desde el 15 de diciembre han muerto 307 guerrilleros del PKK.
Mientras las operaciones de las fuerzas de seguridad turcas seguían en Sur y las otras ciudades, con el eco del estruendo de armas y bombas –nadie cree en Turquía que terminarán pronto–, los medios del país euroasiático daban amplio eco ayer a una “operación antiterrorista” que el domingo mató a doce miembros del PKK en Van, también sudeste.
Los medios progubernamentales mencionaban que la “neutralización” de estos doce guerrilleros –con edades comprendidas entre 17 y 20 años– había sido precedida por un tiroteo, mientras que representantes prokurdos hablaban de una matanza, ya que la docena de jóvenes –todos menos uno– fueron asesinados con un tiro en la cabeza, algo impropio de un enfrentamiento a balazos. Así lo denunció la diputada del prokurdo e izquierdista Partido de la Sociedad Democrática por Van, Lezgin Botan, que calificó lo acontecido como “una ejecución masiva”.
Según la oenegé Fundación de los Derechos Humanos en Turquía, desde el 11 de diciembre 81 civiles han muerto en zonas bajo toque de queda en el sureste turco.
También continúa la guerra de propaganda, y el conflicto adquiere cada vez más tintes religiosos. “Los de la media luna frente a los cruzados: descendientes de la fe y la religión contra ateos infieles sin religión”, titula el rotativo progubernamental Star.
La tensión se ve agravada por la práctica imposibilidad de poder cubrir el conflicto. Debido a las detenciones de los últimos días, actualmente están encarcelados en Turquía 33 periodistas, la gran mayoría por trabajar para medios prokurdos.
Reflejo del alto grado de crispación que vive el país es la apertura, ayer, de una investigación por presunta “propaganda terrorista” al popular presentador de televisión Beyazit Oztürk. Su delito: dejar pasar en directo una llamada de una profesora de Diyarbakir que habló de la muerte de civiles, incluidos niños.
12-I-16, R. Ginés, lavanguardia
