¿qué condiciones para la (forzada) "solidaridad entre regiones"?

Baviera tiene una historia particular porque es el único estado federado que, en los sesenta años de historia de la República Federal, pasó de ser receptor a donante: recibió primero el equivalente a 9.000 millones de euros, para donar más tarde hasta casi 40.000 millones. Pero en el 2011 ha sido el gran contribuyente a la solidaridad: ha pagado 3.660 millones, la mitad del total del fondo de compensación federal.

El estado (land) de Baviera, primer contribuyente al fondo de compensación entre estados federados alemanes, dice que el actual sistema de nivelación interno no funciona y pide "un nuevo pacto fiscal". La actual contribución, "no ayuda a las regiones débiles", pero "debilita a las fuertes", señala el ministro de Finanzas bávaro, Markus Söder. "No sólo necesitamos un pacto fiscal en Europa, sino también para los länder", dice.

La declaración del ministro bávaro expresa el malestar de los estados alemanes que más contribuyen al fondo de compensación. Baviera, Baden-Württemberg y Hesse, con capitales en Munich, Stuttgart y Frankfurt, quieren reformar el sistema, y amenazan con una nueva querella ante el Tribunal Constitucional si las negociaciones al respecto no prosperasen. Resucitan así un tema que regresa crónicamente al debate alemán: el malestar de los pocos territorios más ricos del país por subsidiar a los muchos que no son tan prósperos.

La Constitución alemana establece en su artículo 107 el objetivo de la compensación financiera entre estados federados como "la apropiada nivelación de su diferente potencia financiera".

En el 2010 los länder transfirieron 7.000 millones de euros en concepto de "nivelación financiera territorial". Las donaciones provenían de Baviera (3.500 millones), Hesse (1.700 millones) y Baden-Württemberg (1.700 millones). La próspera ciudad estado de Hamburgo aportó también 62 millones. El resultado es un mapa de cuatro que pagan a doce: tres regiones del sur, muy prósperas y algunas de ellas casi con verdadera plena ocupación, más Hamburgo, subsidiando a doce regiones receptoras (länder y ciudades estado), todas ellas situadas en la parte septentrional del país.

El bloque de los receptores no es homogéneo. Hay en él una clara división Este/ Oeste. Los länder occidentales suelen ser receptores moderados o muy poco subvencionados. Los cinco länder orientales, correspondientes a la antigua RDA, son muy receptores. Capítulo aparte de esta última categoría es la ciudad estado de Berlín, receptora de casi la mitad de las transferencias, y su homóloga de Bremen.

Berlín fue acusada el jueves de haberse convertido en la "capital del sistema de compensaciones" por el ministro de finanzas de Hesse, Thomas Schäfer. La capital federal recibió 3.000 millones de los 7.300 que se repartieron el año pasado en todo el país en concepto de nivelación entre estados federales, y es objeto de una inquina y unas acusaciones de indolencia, no muy diferentes a las que reciben los países del sur en el debate populista alemán sobre la eurocrisis.

Baviera, que en el 2011 ha pagado 3.660 millones, la mitad del total del fondo de compensación federal, está que trina. "¡Ya está bien!, hemos superado el límite", exclama Söder.

Baviera y Hesse quieren limitar la subvención a Berlín y que el gobierno federal se implique más en cubrir los agujeros de la capital, donde un 20% de la población recibe subsidios sociales, más del doble de la media alemana, que ronda el 8%. También quieren más competencias regionales en política fiscal, por ejemplo en el impuesto de sucesiones. Si las negociaciones sobre estos aspectos no alcanzasen resultado, los tres principales donantes se plantean apelar al Constitucional contra sistema, antes de que este sea revisado, como le toca, en el 2019. Ese es un escenario que ya se vivió en 1999 cuando el tribunal dio paso a una reforma que al final no alteró la situación fundamental de unos pocos donantes y muchos receptores.

En Baviera el principal partidario de ir al Constitucional es el socio liberal (FDP) de la coalición, pero el presidente bávaro, el socialcristiano Horst Seehofer, se ha puesto el fin de marzo como plazo para actuar judicialmente si no hay respuesta. Los liberales alemanes favorecen el concepto de "federalismo competitivo", en el que se premia la eficiencia económica de las regiones, contra el "federalismo cooperativo" imperante en el país, del que critican que los subsidios restan incentivos para espabilarse a las regiones que los reciben.

Los socialdemócratas responden a esta presión diciendo que se pone en cuestión el principio de solidaridad federal...

Alemania federal ha entrado en un proceso que puede terminar en el Tribunal Constitucional por la solidaridad fiscal entre los estados (länder). Baviera - que transfiere casi la mitad de los 7.300 millones de euros con que los tres estados más ricos subsidian anualmente al resto de los federados-ha puesto como límite el final de marzo para revisar las cuentas en un nuevo pacto fiscal. En caso contrario, amenaza con acudir al Alto Tribunal, demanda a la que podrían sumarse los länder de Hesse y Baden-Württemberg, que son, junto con la ciudad Estado de Hamburgo, los que aportan financiación al resto de los estados.

No es la primera vez que ocurre. En 1999, presionado el Estado federal por los länder donantes, se aprobó una tímida reforma del fondo de compensación territorial que apenas tuvo efecto. Ahora, en plena crisis financiera y económica, la cuestión de los desequilibrios regionales ha saltado de nuevo a la palestra con el argumento principal, según las autoridades bávaras, de que los subsidios interterritoriales no sólo no resuelven las diferencias económicas, sino que las consolidan, con el correlato de que las regiones más ricas pierden competitividad y se debilitan. La cuestión que se plantea es si debe ponerse un límite a la solidaridad y cómo esta puede ser más eficiente. Una polémica que existe en otros países europeos, como España e Italia.

La necesidad de revisar los fondos de compensación territoriales empieza a ser un clamor en Europa, especialmente ahora que la crisis económica y financiera ha puesto a todos contra las cuerdas. Cuando la solidaridad interterritorial se convierte en un cuello de botella para las regiones más prósperas, la amenaza de un colapso obliga a replantearse las transferencias de capital. Los subsidios pueden llegar a suponer un freno a las iniciativas para el desarrollo de las regiones menos prósperas, lo que amenaza el conjunto al convertirse en un proceso empobrecedor. Una pescadilla que se muerde la cola y que es preciso resolver cuanto antes.

Munich, Sttutgart y Frankfurt en Alemania, como Catalunya en España, reclaman un nuevo pacto fiscal. Ya no se trata del tantas veces traído y llevado egoísmo de las regiones más ricas y prósperas, sino de que las máquinas que tiran del resto de las regiones menos desarrolladas no pierdan fuelle. Para ello es necesario poner un límite a la solidaridad, tanto en la cantidad de recursos transferida como en el tiempo. Pero existen muchas resistencias a ello. En el caso de Catalunya, la sentencia del Constitucional de junio del 2010 declaró inconstitucional y, por tanto, nulo el inciso 3 del artículo 206 que ponía el límite de la solidaridad en un factor clave: "Siempre y cuando (las comunidades receptoras) lleven a cabo un esfuerzo fiscal también similar", lo que puede significar un carpetazo a la igualdad fiscal y, por tanto, a la competencia.

Desde esta columna editorial se ha defendido siempre la solidaridad entre regiones, pero también la necesidad de revisarla a medida que los desequilibrios se van nivelando, con el objetivo de que las más prósperas no terminen ahogadas por unos déficit fiscales que acaban por resultar demasiado onerosos. Esto es lo que ha ocurrido en la Unión Europea con los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (Feder) y los Fondos de Cohesión en los que España ha dejado progresivamente de ser un país claramente receptor después de haberse beneficiado largamente de ellos...

Alemania es un país en el que tres prósperos estados (o länder) del sur más la ciudad de Hamburgo financian a doce estados menos boyantes del norte y el este.

La magnitud del desequilibrio no es muy diferente de la española: sobre una media de 100, el land alemán más pobre, Mecklemburgo-Pomerania, tiene un PIB per cápita del 71%, mientras que el territorio más rico, la ciudad Estado de Hamburgo, lo tiene del 162%. Para hacerse una idea en España la relación entre la región más pobre y la más rica es del 70% frente al 132%.

En total, cinco de los dieciséis estados superan la media federal de ingresos, que es de 30.000 euros anuales per cápita. Se trata de las ciudades Estado de Hamburgo (49.600 euros) y Bremen (42.000), y de los estados de Hesse (37.100 euros), Baviera (35.300) y Baden-Württemberg (33.600).

Entre los más pobres, por contra, figuran los cinco estados de la antigua Alemania del Este, que oscilan entre los 23.000 y los 21.000 euros de PIB per cápita.

Como en cualquier Estado, este desequilibrio intenta paliarse con mecanismos solidarios de compensación. Los defectos objetivos de esos mecanismos, unidos a la ola de darwinismo social y egoísmo que atraviesa Europa, avivada por la crisis, generan tensiones. En Alemania los estados que más pagan están planteando la necesidad de un nuevo pacto fiscal: replantear el sistema en un sentido de más competencias y correctivos.

El sistema alemán de compensación territorial es complejo, hasta para los expertos. Tiene un vector vertical en el que los llamados impuestos comunes (sociedades, IVA, IRPF) se reparten entre el centro, los estados y los municipios (con el grueso 42% del IRPF, 54% del IVA y el 50% del impuesto de sociedades para el centro). Y otro vector horizontal en el que los ingresos se reparten en beneficio de quienes están por debajo de la media nacional.

Alexander Ebertz, del IFO Institut de Munich, dice que el sistema "refleja un fuerte vínculo solidario entre los estados". Sin embargo, "la nivelación total nos lleva a una situación problemática desde el punto de vista del incentivo, porque para recibir dinero, un land no debe realizar ningún esfuerzo".

La crítica de los gobiernos reticentes que apunta a que el sistema recompensa el mal rendimiento "es sin duda polémica, pero no del todo falsa", puntualiza Ebertz. Entre los problemas que este experto señala, figura el "café para todos" que el actual sistema consagra, pese a las diferencias de población, tamaño y estructura económica existentes entre los diferentes estados y ciudades Estado. "Meter esa heterogeneidad en una misma cuenta es complicado", dice Ebertz.

Simon Vesen, experto del Ministerio de Finanzas de Baden-Württemberg, en Stuttgart, cree que cuando el actual sistema caduque en el 2019, habrá que introducir "cambios fundamentales" y que exigen una "reforma profunda". En materia de nivelación lo más importante que hay que cambiar es una situación "en la que, tanto los donantes como los receptores, carecen de estímulos para fortalecer su propia recaudación" coincide...

Angela Merkel, que está regando Europa de austeridad sin que le crezcan las flores, comienza a ser regada por sus propios compañeros de coalición: si ella dice que los alemanes no deben pagar por la supuesta siesta de los griegos, los bávaros dicen que no quieren pagar la siesta de Berlín. En la Europa de la austeridad, el debate ha llegado a los fondos de compensación interalemanes.

"En Europa se está estableciendo un mecanismo de sanciones por el cual los países deficitarios tendrán que vérselas con multas", explica Markus Söder, ministro de Finanzas de Baviera.

Alemania debería hacer algo parecido de puertas adentro. "Si Grecia, Portugal e Italia tienen que hacer esfuerzos, también deberían hacerlos Renania-Palatinado, Bremen y Berlín", dice.

"Debemos orientarnos a Europa, estoy seguro de que la canciller no se opondrá a aplicar en Alemania un sistema que ya ha impulsado con todo su poder en Europa", dice el secretario de Estado bávaro para Economía e Infraestructuras, Martin Zeil.

La reivindicación se refiere al sistema llamado Länderfinanzausgleich (los fondos de nivelación entre estados federados), con los que los länder más ricos compensan a los menos boyantes. Baviera es el que más paga: 3.491 millones de los casi 7.000 millones que pasaron de los ricos a los pobres en el 2011. Por primera vez, prácticamente la mitad de todos los fondos de esa nivelación.

Zeil dice que de cada mil euros que su gobierno recauda del IRPF, gracias a su buena administración, Baviera se queda sólo 140. Los 860 restantes se van a los "estados malgastadores". Y Berlín es el principal de ellos: 3.000 millones de esa transferencia compensatoria son para la capital, donde uno de cada cuatro habitantes recibe subsidios sociales.

En Berlín el senador de Finanzas, Ulrich Nussbaum, responde que Baviera fue treinta años receptora de fondos de compensación antes de ser donante y que, "hay motivos históricos que explican que Berlín no se haya desarrollado tan bien como otros".

"Cuanto más exitosos somos, más debemos pagar, es como un castigo y lo contrario de la solidaridad", dice el ministro Söder, un hombre curioso, muy en línea con la Europa que asoma: mano dura con los inmigrantes, partidario de que se cante el himno alemán cada mañana en las escuelas, nada de velos y sí al crucifijo en las aulas, cultivar el patriotismo y la impronta cristianooccidental de Europa, así como las "virtudes alemanas": disciplina y puntualidad.

El berlinés y receptor Nussbaum acusa a Söder de populismo electoralista: el discurso se explica por las elecciones regionales bávaras de 2013 y apunta que en Baviera la movilización contra la capital prusiana siempre ha funcionado para unir las huestes.

Pero no es sólo Baviera, también Hesse y Baden-Württemberg, los otros dos grandes motores económicos de Alemania, y los mayores donantes, quieren establecer la disciplina europea en las transferencias internas.

"Ningún pago a los länder que incumplan la regla de oro,o que ya ahora apuntan hacia un incumplimiento del endeudamiento cero en el 2020", señala un documento interno de la CSU bávara. También se coquetea con un nuevo pleito ante el Tribunal Constitucional. Los estados alemanes tienen autonomía fiscal, pero solamente en la administración de sus gastos. En ingresos prácticamente sólo tienen autonomía sobre su endeudamiento. En el 2020 la celebre Schuldenbremse (el tope de endeudamiento) terminará hasta con esa posibilidad...

Baviera es una potencia alemana donde tradición y modernidad, conservadurismo cultural, innovación científica y alta tecnología, coexisten en una convivencia que recuerda a la de Japón. Un evento social en una pequeña ciudad bávara, con la gente ataviada con trajes tradicionales, bebiendo cerveza y hablando dialecto, puede trasladar al observador a un atávico y provinciano universo de inusitado casticismo.

Será entonces el momento de recordar que este territorio de doce millones de habitantes y 70.000 kilómetros cuadrados, más o menos el doble en territorio y población de Catalunya, es puntero en sectores como la automoción, telecomunicaciones o la industria armamentística - de la que Alemania es tercer exportador mundial-y patria, o sede principal, de empresas como BMW, MAN y Krauss-Maffei, entre muchas otras, o cuartel general administrativo de la sociedad Max-Planck, la más conocida institución investigadora de Alemania, con 17 premios Nobel en su haber desde 1948.

Entre los polos austriaco y prusiano, Baviera es el segundo land más católico de Alemania (55%), después del Sarre, y, sin duda, el más nacional de ellos. Su dinastía reinante, los Wittelsbach, se mantuvo hasta 1918. En la disputa entre Austria y Prusia que decidió quién sería la matriz estatal de Alemania - la guerra de 1866-,Baviera se alineó con Austria, pero cuando Bismarck cerró su unificación, el país mantuvo derechos como el de disponer de su propio ejército, ferrocarril y servicio de correos. Ese particularismo se mantiene hoy en lo político, con múltiples manifestaciones, que incluyen un partido propio y hegemónico, la Unión Social Cristiana (CSU). coaligado con los democristianos del resto del país, y una particular sensibilidad hacia la cesión de soberanía, tanto a nivel federal como europeo.

La CSU es el partido de Baviera. Lleva gobernando prácticamente desde 1946, más de seis décadas como partido más votado - excepto en 1950, cuando el SPD le superó por seis décimas-y con 46 años seguidos en condiciones de mayoría absoluta. Su pérdida, en las elecciones del 2008, cuando obtuvo el 43% de los votos y obligó a formar gobierno en coalición con los liberales, se vivió como crisis. También aquí la situación recuerda a Japón, con su eterno dominio del Partido Liberal Democrático desde la posguerra.

La potencia industrial y tecnológica bávara es más reciente que la japonesa, que antes de la guerra animó una agresiva expansión imperial. Baviera era un país tradicionalmente agrario que conoció un fuerte cambio estructural después de la Segunda Guerra Mundial, cuando no era donante sino receptor de fondos de compensación. Como Japón, que recibió tras la debacle militar los flujos migratorios de la colonización imperial en Corea y otras zonas, Baviera recibió el aporte de alrededor de dos millones de alemanes dramáticamente expulsados del Este, sobre todo de los Sudetes, en la antigua Checoslovaquía, quienes con su esfuerzo y tesón contribuyeron en gran medida a levantar el país.

6/9-II-12, lavanguardia