Casale Monferrato, el Chernobil italiano
El tribunal de Turín dictó ayer una sentencia de relevancia histórica en el ámbito de los delitos contra el medio ambiente y contra la seguridad laboral. Dos ex responsables de la multinacional suiza Eternit en Italia fueron condenados a 16 años de cárcel por las más de dos mil muertes por la manipulación de amianto (o asbesto) entre trabajadores de dos factorías de fibrocemento y en la población circundante. El fallo judicial fue acogido con gran emoción por centenares de afectados y familiares que se desplazaron en autocares a la capital piamontesa. La ejemplar sentencia supone al menos una compensación moral tras decenios de lucha ciudadana para que fuera castigada esa matanza silenciosa, lenta e implacable causada por las fibras de amianto.
Los dos reos, el millonario suizo Stephan Schmidheiny, de 64 años, y el barón belga Louis de Cartier de Marchienne, de 90, no acudieron al juicio. Fueron condenados en rebeldía. Se les consideró culpables de haber permitido que operaran las fábricas italianas de Eternit a sabiendas de que la manipulación del amianto podía producir graves formas de cáncer, como el mesotelioma. En el juicio se ha podido probar que los dos ejecutivos eran ya conocedores, en los años setenta, de la evidencia científica sobre el efecto letal de la inhalación de fibras de amianto. Sin embargo, por motivos empresariales, lo ocultaron y continuaron la producción de un material que, durante años, se usó profusamente - en tejados, suelos, baldosas, revestimientos y elementos de construcción-por su resistencia y durabilidad. En el caso de Casale Monferrato, los sistemas de aireación de la fábrica hicieron que los mortíferos polvos se esparcieran por toda la ciudad. Se calcula que sólo en Casale Monferrato, definida en ocasiones como un Chernóbil italiano, se cuentan ya 1.800 muertos como consecuencia de la factoría de Eternit. Personas que ahora tienen 50 años descubren que están enfermos por haber jugado entre residuos de amianto cuando eran niños.
Las condenas se dictaron por los delitos cometidos en dos factorías. Se declararon prescritos los delitos en otras dos, en Emilia Romaña y en Campania. Si se suman todas las víctimas, los fallecidos llegan a casi tres mil. Las cuatro fábricas fueron ya cerradas.
A las penas de cárcel se sumaron indemnizaciones multimillonarias: 30.000 euros para los familiares directos de los fallecidos, 35.000 euros para los enfermos, 15 millones de euros al Instituto Nacional de Accidentes del Trabajo, 4 millones al Ayuntamiento de Cavagnolo y 25 millones al de Casale Monferrato.
A pesar de la letalidad probada del amianto, aún se usa en muchos países, sobre todo en los emergentes, con China e India a la cabeza. A Turín acudieron delegados de asociaciones de víctimas de todo el mundo, convencidos de que la sentencia italiana es un hito que marcará un antes y un después en su causa.
14-II-12, E. Val, lavanguardia
