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"Achilipú, apú apú, achilipú, apú", Quim Monzó

En Egipto, durante el gobierno de Mohamed Morsi, salafistas y Hermanos Musulmans emitieron cincuenta y un decretos islámicos sobre las mujeres. Ahora que ya no manda, la Universidad de Al Azhar, de El Cairo, los ha estudiado y un diario – Al Masry Al Youm– ha resumido los detalles más interesantes, que permiten entender la visión que sobre las mujeres tienen esos individuos. Primero: son “criaturas extrañas, creadas exclusivamente para el sexo”. Sus voces, sus miradas y su presencia fuera del hogar son ofensivas. Segundo: es inaceptable que, si está sola en casa, una mujer ponga en marcha el aire acondicionado. Debe hacerlo el marido, cuando vuelva. Tercero: se puede declarar nulo un matrimonio si hombre y mujer copulan desnudos. Deben hacerlo vestidos. Cuarto: las mujeres y los niños pueden usarse como escudos humanos durante las manifestaciones. Quinto: las mujeres cometen adulterio si van al mar a nadar, incluso si lo hacen cubiertas de la cabeza a los pies y sólo con la cara al descubierto. ¿El motivo? En árabe, ‘mar’ es una palabra de género masculino, de forma que, cuando el agua toca las partes íntimas de una mujer, esta se convierte en adúltera y, por lo tanto, debe ser castigada. Sexto: las mujeres no pueden comer –ni siquiera tocar– ciertos alimentos: los pepinos, los plátanos... Al Masry Al Youm dice que es “por la forma fálica que tienen”.

Hay que decir que estos decretos islámicos, a pesar de haber sido dictados por sacerdotes, cuentan con la aprobación de las altas autoridades, religiosas o no. Depende. Es una situación distinta de la que rige desde la semana pasada un poco al este de Egipto, en Arabia Saudí. El muftí Abdelaziz al Sheij, máximo gerifalte religioso del país, ha pedido a las autoridades que prohíban a los médicos de sexo masculino examinar cadáveres de mujeres. Lo explica Efe desde Riad: “Según el subsecretario del Ministerio de Sanidad, Abdelaziz Mohamed al Hamidi, su departamento recibió el mensaje del clérigo y decretó que se cumpla en todo el país. En su mensaje, el clérigo insiste en la necesidad de que, en los hospitales, los cuerpos de las mujeres muertas los examinen sólo médicos mujeres. Para Al Sheij, ‘la inviolabilidad del cuerpo de un musulmán muerto es la misma que la de uno que esté vivo,’ por lo que es pecado que un hombre vea a una mujer desnuda, aunque esté muerta. Su petición responde a varias quejas que ha habido sobre médicos que han examinado cadáveres femeninos en los centros hospitalarios para investigar las causas de su muerte. Lo mismo ocurre con los forenses que hacen autopsias a mujeres para aclarar casos criminales y ven partes íntimas del cuerpo femenino”.

Como me decían hace un cuarto de siglo algunas feministas catalanas cada vez que escribía en el Diari de Barcelona artículos contra la ablación de clítoris: “No seamos xenófobos y xenófobas, Quim. Debemos aceptar su cultura y su forma de pensar”.

4-XII-13, Quim Monzó, lavanguardia

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Egypte : conférence de presse des
candidates du parti salafiste Al Nour.